Susan George: “Ni un solo país ha mejorado con las políticas de austeridad del FMI”

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Susan George: “Ni un solo país ha mejorado con las políticas de
austeridad del FMI”
La gran causa de la crisis de la deuda: los gobiernos han asumido las deudas
de bancos privados, que estallaron con la crisis financiera.
Nick Buxton | Diario Gara |
5-8-2011
www.kaosenlared.net/noticia/susan-george-ni-solo-pais-ha-mejorado-politicas-austeridad-fmi


 <!––>La entrevista fue realizada en julio, antes de que los especuladores se cebasen
sobre el Estado español e Italia, por lo que las preguntas se centran en el caso
griego. No obstante, las palabras de George tienen plena vigencia y explican el
contexto en el que se da la crisis de la deuda en Europa y, sobre todo, su
raíces.
Usted se dio a conocer por su trabajo sobre la crisis de la deuda en
los años ochenta y noventa. La de entonces era una crisis de los llamados países
en desarrollo, pero ahora parece que está afectando principalmente a los países
desarrollados. ¿Cómo lo explica?
Las causas de la crisis de la deuda en los países del Tercer Mundo no eran
las mismas que las de ahora. En los años setenta, gran parte del dinero de los
préstamos se destinó a armamento, al gasto de las clases medias y altas en
importaciones de productos de lujo, al creciente precio del petróleo y a
proyectos de desarrollo mastodónticos; es decir, fue un gasto improductivo.
Además, los Estados Unidos aumentaron de repente los tipos de interés, de forma
totalmente unilateral, en 1981.
John Perkins, en su libro «Confesiones de un gángster económico», afirma que
se desplegó una política deliberada para endeudar y controlar a las economías en
desarrollo.

Se trata de su testimonio personal, que se debería corroborar con
otras evidencias, pero sabemos sin duda que los países más ricos utilizaron la
deuda para conseguir precisamente eso: imponer las condiciones de los Estados
Unidos y de otros países acreedores, por las que se obligó a los países en
desarrollo a entrar en la economía mundial en términos muy desfavorables.

La gran causa de la actual crisis de la deuda europea es que los gobiernos
han asumido las deudas de bancos privados, que estallaron con la crisis
financiera. El caso más evidente es el de Irlanda, que asumió la responsabilidad
de todo lo que debían sus bancos, pero lo mismo sucede con todos los países que
están ahora en dificultades.

De hecho, la deuda de la mayoría de países europeos es bastante modesta. A
principios de este año, España sólo debía el 55% de su PIB. Incluso el estricto
Tratado de Maastricht dice que un 60% está bien. Italia y Bélgica, por ejemplo,
están muy por encima del 100%. Pero muchos países donde se está predicando el
mensaje de la austeridad, como Francia, no tienen ningún problema.

La gente tiende a pensar -y es lo que los medios le dicen que piense- que la
deuda de un hogar es lo mismo que la deuda de un país. Pero no es así. Una
familia no puede vivir mucho tiempo por encima de sus medios, pero los países,
especialmente en la era moderna, siempre lo han hecho. Los Estados Unidos no han
estado libres de deuda desde el siglo XIX. La idea de cero deuda nacional es una
total fantasía.

Evidentemente, lo mejor es que, si pides un préstamo, lo inviertas de forma
productiva. Y si tienes demasiada deuda, acabas pagando demasiados intereses a
los prestamistas. Pero la «deuda soberana», como se llama, no debería de ser un
problema.

¿Cuáles cree que serán las consecuencias de estas
políticas?

 

Las políticas europeas hasta la fecha están siendo desastrosas. Están
aplicando los llamados «remedios» que se impusieron a los países en desarrollo
en los años ochenta, en lo que ahora se conoce como «la década perdida del
desarrollo». Los programas de austeridad que se están imponiendo a Grecia,
Irlanda o Portugal están directamente sacados del manual neoliberal de los
programas de ajuste estructural, punto por punto y coma por coma.

El resultado es una feroz contracción de esas economías, hasta un punto sin
precedentes. Cuando se impusieron medidas como las privatizaciones, los recortes
salariales y la eliminación del gasto social en países realmente pobres como
Níger, éstas se tradujeron en una hambruna y en muchísimas muertes.

En Europa,
tenemos algo más de margen, contamos con algunos cojines. Pero la economía
griega ya se ha reducido en más de un 5% este año, el desempleo se ha disparado,
los pequeños comercios se están hundiendo y se está privatizando absolutamente
todo.

Es una política criminal concebida para empujar a los trabajadores al siglo
XIX, para deshacerse de los beneficios sociales por los que la gente luchó
durante muchas generaciones.

Como siempre, los ricos se escaparán y el capital
internacional vivirá días de gloria con las oportunidades que ofrecen las
privatizaciones.

La gente corriente está pagando el doble por la crisis
financiera: primero para rescatar a los bancos y, ahora, para sacrificar y
arruinar a sus propios países y medios de vida.

¿Qué respondería a aquellos que dicen que la culpa es de Grecia y de
su incapacidad para controlar las finanzas
públicas?

 

La gente dice que los griegos no pagan impuestos. Y así es en el caso de los
ricos, que tienen mucho dinero en Chipre, un paraíso fiscal muy conveniente.

Según los datos de una sociedad financiera suiza, sólo el 1% del dinero griego
depositado en bancos suizos se declara en Grecia, y sólo el 3% en el caso de
Francia.

Los griegos no están jugando en solitario. Grecia también ha mantenido
un presupuesto militar relativamente alto. Incluso cuando Turquía
-supuestamente, el enemigo- propuso una reducción conjunta del gasto militar,
los griegos se mostraron en contra.

La Iglesia ortodoxa griega, principal propietaria de tierras y bienes
inmuebles del país, paga cero impuestos, lo cual no tiene ningún sentido. Hay
también una gran economía sumergida. Y cuando el partido PASOK llegó al poder,
se encontró con que sus predecesores habían amañado las cuentas y minimizado
todo lo que debía el país.

A pesar de eso, deberíamos recordar que Grecia representa un mero 2% de la
economía europea. No da para justificar esta increíble crisis o drama. Alemania
y el Banco Central Europeo (BCE) no están tratando el tema como una cuestión
económica de endeudamiento e impago, sino como una obra moral en la que hay que
castigar a los griegos.

Incluso si incluimos a Portugal e Irlanda, estamos hablando de una pequeña
parte de la economía de la eurozona. Con España, las cosas empiezan a ponerse
más serias, ya que representa en torno al 11% de la economía europea. E
Italia… bueno, nadie quiere siquiera plantearlo.

Lógicamente, la austeridad sólo empeorará las dificultades económicas: menos
ingresos fiscales, más desempleo, bajas inversiones, una mayor economía
sumergida, etcétera. Además de un tremendo sufrimiento humano y un posible
derrumbe del euro.

No ha habido ni un solo caso en que un país mejorara su
situación con las políticas de austeridad del FMI.

Los economistas neoliberales han conseguido eliminar toda la memoria
histórica de los años treinta, cuando se utilizaron políticas keynesianistas
para luchar contra la Gran Depresión. En lugar de ello, nos vemos enfrentados a
un enconado problema de deuda, a una economía estrangulada por la austeridad y a
ninguna esperanza de recuperación.

¿Cree que Grecia debería haberse declarado en quiebra? ¿Qué
alternativas debería de haber seguido Grecia?


Los griegos no pueden pagar y entrarán en quiebra. Ya lo han hecho, pero
nadie lo está llamando así. Después de llevar al país al borde del precipicio,
se utilizará algún apaño para disfrazar la realidad.

Si yo hubiera sido [el primer ministro griego] Papandreou, habría dicho: «No
podemos pagar y no pagaremos». Después, habría calculado qué porcentaje de esa
deuda es «odiosa», un concepto jurídico que equivale a ilegítima, y qué podría
afrontar razonablemente el país con el tiempo.

Después, habría declarado que Grecia no pagaría un X% -digamos la mitad, el
50%- de la deuda, y propondría negociar con todos los bancos privados para
determinar con qué condiciones se pagaría el resto: con plazos de vencimiento
más largos, menos tasas de interés, etcétera. Los bancos deberían elegir entre
no recibir nada o recibir el 50 por ciento de algo.

Y recordemos que no tienen
un Ejército, así que no van a invadir Grecia. Y Grecia ni siquiera tendría que
salir de la zona euro porque los tratados no prevén disposiciones para obligar a
un país a abandonarla.

Está claro que las medidas provisionales no funcionarán en Irlanda ni en
Grecia. Ni siquiera estoy segura de que esa sea la idea. En los países en
desarrollo, y ahora en Europa, la deuda permite a los acreedores ejercer una
especie de colonialismo sin necesidad de recurrir a un Ejército o a una
administración imperial. No es ninguna casualidad que los latinoamericanos
priorizaran devolver el dinero al FMI en cuanto se lo pudieron permitir. Era la
única forma que tenían para poder retomar el control de sus economías.

Deberíamos recordar lo que escribió Keynes en los años veinte en su
«Consecuencias económicas de la paz». Keynes advertía que Alemania no podría
pagar sus deudas de la posguerra y que eso se pagaría, nunca mejor dicho, con el
infierno.

Y así fue, pero Alemania obtuvo un acuerdo para la deuda totalmente
distinto después de la Segunda Guerra Mundial, por el que se limitaba el
servicio de la deuda y el pago de los intereses tremendamente; unas condiciones
que ahora no están dispuestos a ofrecer a Grecia.

¿Quién cree que es responsable de la
crisis?


Son el sector financiero, los políticos nacionales y locales, los políticos
europeos y, por supuesto, el Tratado de Lisboa y las estructuras del Banco
Central Europeo, que mantienen a la eurozona en una camisa de fuerza
económica.

Nadie obligó a los bancos franceses y alemanes a comprar tanta deuda griega.
Los mercados financieros asumieron, sencillamente, que los bonos griegos eran
igual que los alemanes; pero ahora se han dado cuenta de que los bonos griegos
son griegos, y están decididos a recuperar tanto dinero como sea posible a los
tipos de interés más altos que puedan, y sin tener en cuenta los costos
sociales.

Y muchos gobiernos europeos gobiernan claramente en nombre de su sector
financiero. Pero están jugando con fuego, y aún pueden hacer saltar por los
aires la eurozona, con lo que se abriría un panorama incierto.

¿Cuáles son los problemas estructurales del euro que han contribuido
a la crisis?


Yo soy una ferviente europea, por lo que me gustaría que el euro durara, pero
ahora mismo no tenemos la maquinaria económica y social para seguir con él.
Tenemos una divisa común, pero no tenemos políticas fiscales, económicas ni
sociales comunes. En lugar de aumentar los impuestos, los gobiernos están
compitiendo para reducirlos, como en Irlanda, que tiene un impuesto de
sociedades del 12,5 por ciento.

Tenemos un presupuesto europeo ridículo, ningún impuesto paneuropeo y ningún
impuesto sobre las transacciones financieras. Las transacciones mundiales, sólo
sobre los mercados de divisas, se sitúan ahora en la astronómica cifra de
4.000.000.000.000 dólares al día.

Incluso aunque sólo le impusieran un gravamen
de 1/10.000, se recaudarían unos 400 millones de dólares al día. Y con ese
dinero se podrían solucionar muchos problemas.

El obstáculo es el Banco Central Europeo, no el euro en sí. El Banco Central
Europeo no presta a los gobiernos, sino a los bancos, al 1% o menos. Y después,
los bancos prestan a los gobiernos. La deuda a corto plazo de Grecia e Irlanda
tiene un estatus de «basura», y ahora tiene un precio del 20%.

El BCE, a diferencia de otros bancos centrales, no emite eurobonos o títulos
europeos. De forma que los que gobiernan en realidad son los bancos y las
agencias de calificación de riesgos. Necesitamos eurobonos, no sólo para
desincentivar la especulación desenfrenada contra países concretos, sino también
para que Europa puede invertir en grandes proyectos medioambientales y de
infraestructuras que ningún país puede afrontar en solitario.

¿Hay otros problemas de la gobernanza económica europea que hayan
contribuido a la crisis?


Uno de los motivos por los que luchamos tan duramente contra el Tratado de
Lisboa en Francia es que consagra la política económica neoliberal en el corazón
de Europa, y establece el marco para el tipo de crisis a las que debemos hacer
frente hoy día.

Ahora, la Comisión Europea quiere examinar los presupuestos
nacionales de cada país antes de que los voten sus respectivos parlamentos para
asegurarse de que cumplen con determinadas normas. Se trata de un ataque directo
a la democracia.

En la Comisión Europea todo se juzga en función de la «competitividad», que
lleva, entre otras cosas, a una competición suicida entre los propios países
europeos. No todo el mundo puede ser Alemania.

En la eurozona, el gasto público
se sitúa aún en torno al 50% del PIB, pero las grandes empresas y el capital
quieren hacerse con el control de todo lo que puedan. De nuevo, se nos está
arrastrando poco a poco al siglo XIX.

¿Cómo deberían responder los movimientos sociales a la crisis? ¿Qué
alternativas podemos poner sobre la mesa?


Para empezar, someter a control al sector financiero, gravar las
transacciones financieras, y obligar a los gobiernos europeos, especialmente a
los de la eurozona, a actuar de forma solidaria entre sí.

Realizar auditorías de la deuda para determinar qué parte de ella es «odiosa»
o ilegítima.

Desarrollar un mecanismo para solventar la deuda que no esté totalmente
sesgado a favor de los acreedores.

Necesitamos eurobonos y una nueva carta para Europa, en que el BCE sea algo
más parecido a la Reserva Federal estadounidense.

Usar el bancor de Keynes [el «bancor» es una unidad monetaria internacional
propuesta por J.M. Keynes a las negociaciones que establecieron los Acuerdos de
Bretton Woods, en 1944] como divisa para el comercio. Pero para hablar de eso,
¡necesitaríamos otra entrevista!

Mientras tanto, estaría más que contenta con que las agencias de calificación
de riesgos fueran organismos públicos y sin ánimo de lucro, y que sean los
gobiernos, no los bancos, los que gobiernen para los ciudadanos y las
ciudadanas.

Susan George es Investigadora del Transnational Institute, una red
mundial de investigadores y activistas con sede en Amsterdam. Susan George
(Akron, Ohio, 1934) es presidenta de su junta y también ejerce como presidenta
honoraria de Attac-Francia, donde reside desde hace tiempo, hasta el punto de
haber adoptado la ciudadanía francesa.

Es una de las más reputadas expertas
sobre la deuda, especialmente la que asoló a los países en desarrollo en el
siglo pasado. GARA publica esta entrevista con el permiso del TNI.

Texto
original en:
http://www.tni.org/es/interview/acabemos-con-el-control-financiero-en-la-gobe
rnanza-europea

http://www.gara.net/paperezkoa/20110805/282992/es/ni-solo-pais-ha-mejorado-politicas-austeridad-fmi
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