Grecia no está sola.

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Grecia no está sola.

Memoria del saqueo y la resistencia

El pasado 29 de junio, en Grecia, se liquidaron las pocas conexiones que le quedaban a la democracia representativa con los intereses de su población. El parlamento dio el visto bueno al quinto tramo del rescate de la UE, con algunas de las contrapartidas más brutales que se hayan visto en ningún país europeo. 80.000 millones de euros en recortes con una supresión del 25% del empleo público30.000 millones en presión fiscal sobre el trabajo y 50.000 millones de euros en privatizaciones. Todo esto en un país con un PIB anual de 340.000 millones de Euros y donde la suma anual de los salarios es de 80.000 millones de euros. Pero en los últimos años y muy especialmente desde mayo de 2011 hemos visto como la gran mayoría de la población griega se lanzaba a una lucha cada vez más fuerte y decidida contra este régimen de saqueo financiero propiciado por la UE en representación de los principales grupos financieros del continente.

Huelgas generales, manifestaciones masivas y, en los últimos meses, la ocupación permanente de plaza Syntagma para desarrollar un proceso constituyente de democracia directa, han hecho de Grecia el país europeo donde el conflicto social en la fase de la crisis ha alcanzado su máxima intensidad. Repasemos en qué ha consistido este proceso de ataque financiero y respuesta social.

Precedentes: La transición griega y las revueltas de 2008

Desde que Grecia abandonó la dictadura de los Coroneles en 1974, el país vivió dividido entre un mainstream político muy semejante a la Cultura de la Transición española y una intensa experiencia de antagonismo y contestación protagonizada, sobre todo, por grupos libertarios y autónomos urbanos. La salida del régimen de los Coroneles se caracterizó por otra versión del compromiso histórico en el sur de Europa, la Metapolitefsi, en la que izquierdas y derechas, PASOK y ND, se aliaron para sacar adelante el programa económico y social de las elites capitalistas griegas.

En el otro lado del espectro político, las grandes organizaciones de clase obrera, sin llegar ni mucho menos a desaparecer, ceden el rol protagonista en las luchas sociales a nuevos colectivos, muchos de ellos de base estudiantil que a lo largo de los años ochenta y noventa ocupan edificios públicos y, sobre todo, universidades. En gran medida, estos movimientos “juveniles” fueron los únicos que presenciaron “a tiempo real”, la supresión de las diferencias entre izquierda y derecha parlamentaria en Grecia.

En una línea de argumentación muy semejante a las que se han venido produciendo en la España post-Transición, desde los poderes, se ha intentado deslegitimar a este movimiento acusándolo ser propio de unos privilegiados que se han encontrado un entorno social y económico mucho mejor de lo que había visto Grecia en toda su historia. A pesar de estos ataques, y como síntoma de la desconexión creciente de la Metapolitefsi con las corrientes políticas y sociales del país, el movimiento no ha hecho más que crecer.

A lo largo de la segunda mitad de los noventa y los primeros dos mil estos movimientos han ido expandiéndose y comenzando nuevas luchas en temas como las relaciones laborales, las luchas urbanas o los movimientos de migrantes.

Sobre el arreglo político entre la izquierda y derecha de centro, en 2008 se desata la primera oleada de lucha de masas en Grecia desde la irrupción de la crisis global. En principio, el casus belli, fue el asesinato del joven Alexandros Grigoropoulos a manos de un policía que desató una oleada de fortísimas protestas y manifestaciones que tuvo repercusiones en toda Europa.

Más allá del motivo político inmediato, la extensión y la fuerza de la protesta puede ser leída como un síntoma de degradación de la posición social de los estratos medios de la sociedad griega, especialmente bien leída, de nuevo, por sus víctimas preferentes, los jóvenes.

Fueron ellos los que lideraron un ataque sin precedentes contra un modelo de gobierno, que incapaz de proveer unas trayectorias sociales mínimamente decentes, recurre a una fuerte deriva securitaria y represiva cada vez más desconectada de los protocolos democráticos más básicos.

La revuelta de 2008, además, se puede interpretar como un momento de socialización del malestar en el que diferentes colectivos y grupos sociales entraron en contacto formando nuevas comunidades políticas que serán decisivas en la articulación de las luchas contra el brutal modelo de acumulación financiera por desposesión que comienza en 2010.

Acumulación por desposesión y contestación social masiva

La respuesta a las revueltas de 2008 por parte del poder financiero euro fue una serie de bajadas de la calificación de la deuda soberana griega que encarecieron fuertemente el pago de intereses.

Otra excusa para los primeros ataques sobre los tipos de interés de las emisiones de deuda, fue el “descubrimiento” de que el Estado Griego había sacado de balance parte de su deuda con la ayuda del gigante financiero Goldman Sachs. Independientemente de que este tipo de “datos” han sido fundamentalmente los soporte de un nuevo modelo de acumulación financiera que, a falta de ciclos de acumulación rentables en la economía privada, se lanzan sobre el dinero público para recomponer sus beneficios, lo cierto es que la economía política griega ya tenía ciertas características que la hacen especialmente golosa para el saqueo.

De hecho, en términos de economía nacional, Grecia ya era una economía de rapiña con sus elites nacionales como beneficiarias. Por ejemplo, uno de los legados más duraderos del régimen de los coroneles fue una sólida amnistía fiscal a los más ricos. Los partidos implicados en la Metapoliftisei ampliaron estas políticas llegando a hacer de Grecia un Estado con serias dificultades para tasar la riqueza de sus clases capitalistas.

De hecho, en 2010, menos de 15.000 griegos declaraban cobrar anualmente más de 100.000 € mientras, en las periferia de Atenas, proliferan las mansiones de los capos de las navieras y del negocio turístico. De hecho, desde que comenzó la crisis de la deuda se han sacado del país 60.000 millones de Euros, un asombroso 25% del PIB en depósitos bancarios, el equivalente al primer plan de rescate.

Por otro lado, la distribución de la renta en Grecia es una de las más desiguales de Europa, de hecho, los salarios apenas llegan al 35% del PIB entre diez y quince puntos menos de lo que acostumbran los países europeos, de por sí mermados por el permanente ataque a los salarios del largo ciclo neoliberal. En realidad, para poder controlar el dinero de los trabajadores griegos bastaba con que las elites financieras europeas, a través de los bancos alemanes y franceses y con la inestimable colaboración de un gobierno alemán puesto a los pies de estos intereses, se pusieran por encima de lo que ya era un modelo de ultraexplotación.

De hecho, si el término acumulación por desposesión se pudo aplicar a algún país europeo europeo antes de la crisis, ese era Grecia.

La puesta en marcha de este primer plan de rescate en Mayo de 2010 puso inmediatamente en movimiento a la misma composición social que había protagonizado las revueltas de 2008, en este caso, con el apoyo del KKE (Partido Comunista Griego) y los sindicatos para lanzar una ofensiva sobre el gobierno del PASOK que acaba en la mayor movilización social desde la caída de la junta de los coroneles que tiene su culminación en una marcha masiva el 5 de mayo en Atenas que culmina con un intento de ocupación del parlamento. La respuesta de Angela Merkel consiste en pedir una aceleración de la tramitación del plan de rescate. Dicho y Hecho.

El primer rescate griego de mayo de 2010 marca la pauta de lo que va a ser el modelo financiero de formación de beneficios por presión sobre la deuda. En pocos días se genera una dinámica de crecimiento desorbitado de la prima de riesgo sobre la deuda griega. Aprovechando el contexto de bajos tipos de interés, los bancos europeos toman dinero prestado del Banco Central Europeo al 1% de interés para comprar títulos de deuda griega que llegan a alcanzar el 12% de interés, gracias al descenso de la calificación de la deuda griega que las principales agencias sitúan en “bonos basura”.

Este modelo de negocio continuará a lo largo de 2010 con préstamos del BCE a los bancos europeos al 1% y compras por parte de bancos privados de bonos de deuda española, italiana, irlandesa a una media del 4 o 5% de interés con picos superiores al 10%. En pocos días, el Estado Griego está en bancarrota técnica por falta de liquidez para afrontar los pagos inmediatos de la deuda y los tenedores de deuda consiguen unos beneficios astronómicos. Hay que recordar que el Banco Central Europeo tiene prohibido comprar deuda soberana para que la amenaza de quiebra sirva para obligar a los países miembros a cumplir la disciplina fiscal del Maastricht. A petición de varios países europeos (Holanda, Suecia y Alemania) que aprovechan la crisis griega para desarrollar políticas internas populistas de derechas negándose a pagar a “países vagos”, el FMI entra a formar parte de los rescates europeos.

La Unión Europea y el FMI instrumentan un fondo de 110.000 millones de euros, para el pago de la deuda, condicionado a la adopción de políticas de recorte social drástico. A los pocos días, se pone en marcha de nuevo entre la UE y el FMI, un fondo de rescate para países de la UE dotado con 750.000 Euros.

Bajo la excusa de “tranquilizar” a los mercados  se produce una legitimación de este modelo de obtención de beneficios sobre la deuda pública de los países periféricos de la zona euro, a costa de destruir los sistemas sociales y productivos.

Plaza Syntagma y la servidumbre por deudas.

Las sacudidas recurrentes de ataques contra la deuda griega continúan a lo largo de 2010, el mayor de ellos en diciembre como continuación de los ataques que terminan en el rescate a Irlanda en noviembre. En marzo de 2011 la agencia de calificación Moody’s baja la nota de los bonos griegos a bono basura con el “argumento” de que existen dudas acerca de la capacidad de repago de la deuda griega a partir de 2013 cuando acaba el plan de rescate de la UE y el FMI.

En realidad, las agencias de rating, puntas de lanza de los intereses financieros, están castigando a Grecia por los efectos negativos sobre el crecimiento económico del país de los brutales planes de ajuste que ellas mismas prescriben.

La rentabilidad del bono griego sube hasta el 12% justo en un momento en que el BCE anuncia una subida de tipos que podría haber erosionado el modelo de negocio de los bancos europeos. Repetimos, tomar prestado barato del BCE y comprar deuda de los países periféricos con intereses usureros artificialmente hinchados.

La respuesta de la UE a estos ataques es endurecer las condiciones para los rescates de los países periféricos y exigir a Grecia que lleve a cabo su programa de privatizaciones por más de 50.000 millones de euros.

Dicho y hecho, el Gobierno Griego pone en marcha la venta de las quinielas, las loterías, las apuestas hípicas, las autopistas, frecuencias radioeléctricas, un almacén de gas natural y activos inmobiliarios. Las privatizaciones se adjudican bajo la tutela del Deutsche Bank y el banco francés Paribas.

Cada avalancha de presión sobre la deuda es saludada con oleadas de contestación social, siguiendo todas ellas siguen el modelo de mayo de 2010. Sin embargo, algo cambia en Grecia justo un año después del inicio de la insurrección social. El estallido del 15M en España da alas a unas movilizaciones que cambian de sentido, sin romper plenamente con el modelo anterior. Las concentraciones masivas y pacíficas delante del parlamento griego en la ya mítica Plaza Syntagma suman aún más gente a la protesta y la cargan de legitimidad. La agenda política de los movimientos aparece cada vez más clara y depurada. 

Los partidos políticos herederos de la Metapoliftesis se han revelado como simples peones en manos del poder financiero europeo que no han tenido mayor problema en asestar un golpe de Estado contra la democracia y la sociedad griega.

Cualquier reactivación de la política sólo será posible desde la democracia directa y la implicación de la población en las decisiones que afectan a su futuro. El enemigo directo son las instituciones europeas que representan los intereses del capital financiero europeo. 

El objetivo es forzar el impago de la deuda. El gobierno y los partidos políticos acusan inmediatamente el golpe brutal: el gobierno se tambalea y comienza a hablarse de reestructuración de la deuda y de referendos para la aprobación de los recortes.

El nerviosismo cunde entre los líderes europeos en la cumbre de Luxemburgo, amenazan con el desastre económico si Grecia renegocia su deuda. El impago no se puede ni mencionar. Mientras éste es el discurso oficial, Nicholas Sarkozy reúne a los bancos franceses para que intenten dar algo de sostenibilidad al saqueo financiero planteando planes a medio plazo de recuperación de la deuda.

Es inútil, los intereses sobre las emisiones de deuda griega se sitúan en el 20% y en una situación social que bascula entre el estado de excepción y la guerra de baja intensidad, con una huelga general de dos días con un seguimiento del ochenta por ciento.

El parlamento aprueba el quinto tramo del rescate, 12.000 millones de euros con las contrapartidas más draconianas que se hayan visto desde el comienzo de la crisis.

Se calcula que, durante los próximos tres años, aproximadamente el 15% del PIB anual se va a destinar a pagos de la deuda y, lo que es peor, como es costumbre en Grecia esta punción va a recaer mayoritariamente sobre los asalariados que se sitúan en una posición cercana a la servidumbre por deudas, es decir, les tocará trabajar como mulas, a los que no estén en el paro, viendo cómo pierden poder adquisitivo, servicios sociales y bienestar.

La buena noticia es que si continúa creciendo el movimiento de los indignados griegos, las posibilidades de un impago forzado políticamente por sus ciudadanos crecen enormemente, de hecho ha estado a punto de conseguirse en esta ocasión. Y desde ahí, nos encontraremos en una situación mucho más acorde con la internacionalización casi total de la economía europea y cerca del final de un régimen en el que las fronteras de los países europeos operan como muros de contención de la crisis para los países centrales. Y, quizá lo más importante, el movimiento europeo del 15M se habrá cobrado su primer gran éxito político.

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