Una muerte que no mejora nuestro mundo

· bin laden
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04/05/2011 12:10
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Una muerte que no mejora nuestro mundo
Francesc Moreno
El hecho que Estados Unidos haya matado a un desarmado Ossama Bin Laden, tras haber violado la integridad territorial de Pakistán, y que después haya lanzado su cuerpo al mar anula cualquier legitimidad moral de sus autores.

Ni tan siquiera puede argumentarse de forma fiable que la muerte de Bin Laden vaya a evitar más muertes, ya que por el contrario podría provocar otras nuevas. No va a acabar ni con el terrorismo ni con la invasión de Afganistán. Al Qaeda es una franquicia y ya hoy actúa con gran autonomía local. El argumento de que Ossama fue el autor intelectual de una masacre execrable no justifica ponerse a su altura. Bin Laden es más un símbolo, que un jefe real. Y los símbolos tienen más recorrido muertos que vivos.

Diez años después del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York no puede hablarse de legitima defensa sino de ajuste de cuentas. ¿Dónde queda la superioridad moral de Occidente?
¿Para qué nos llenamos la boca de democracia y de estado de derecho? ¿Con qué autoridad puede el Tribunal Penal Internacional – nunca reconocido por Estados Unidos – actuar en el futuro? Si es un acto de guerra, como algunos dicen, ¿las guerras no tienen normas?

Las circunstancias de la muerte de Bin Laden hacen que su desaparición – en otras condiciones una buena noticia – sólo sirvan para que las incipientes revueltas democráticas de los países árabes pasen a mejor vida y para que Occidente deje de ser un referente moral en el mundo, si es que todavía lo era. ¿Con qué legitimidad se pedirá a China que abandone el Tibet o que respete los derechos humanos?

Si el asesinato de Trostky mostró la debilidad del régimen comunista, este crimen muestra la decadencia del imperio americano. Incapaz de detener su deterioro como líder único del mundo, la acción de la CIA suena a canto del cisne; a un intento desesperado de mantener su hegemonía, al menos en el campo del uso de la fuerza.

Y no me alegro, porque sus sustitutos seguramente serán mucho peores. En cualquier caso, que quede claro que no se trata ni de justificar el terrorismo, ni de defender el fundamentalismo islámico, que me parece un retroceso a la edad media. Si el estado no tiene normas, ¿por qué ha de gozar del privilegio del uso legitimo de la fuerza? Si la legalidad es un eufemismo que se saltan los poderosos, ¿en qué los diferencia de los delincuentes?

Barak Obama ha sacrificado su liderazgo moral, ya puesto en entredicho por el mantenimiento de Guantánamo, por unos cuantos puntos de popularidad en las encuestas. Veremos lo que le dura la popularidad al presidente, porque para la derecha americana continuará siendo un socialista, negro y musulmán.

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