NOTICIARIO 27 DIC 2010

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NOTICIARIO   27 DIC 2010
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El Consejo de Cooperación se pronuncia con el SAHARA

de Kaos en la Red de pachakuti – Xixón
por unanimidad el Consejo de Xixón se ha pronunciado en Solidaridad con el Sahara
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02:51 (hace 48 minutos)

Del Talante al Fusil

de Kaos en la Red de uccp –
El PSOE aplica con mano de hierro una política claramente antiobrera, ha tomado la determinación de abortar la movilización de los controladores cambiando la negociación colectiva por el decreto ley.
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02:51 (hace 48 minutos)

Contra el ataque a la lengua catalana. Por el derecho a la autodeterminación

de Kaos en la Red de En lluita / En lucha – http://www.enlucha.org
Las tres sentencias del Tribunal Supremo español del pasado miércoles son un claro ataque no sólo contra el catalán sino contra los derechos nacionales de Catalunya. [TAMBÉ EN CATALÀ]
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01:19 (hace 2 horas)

Legalización mata revolución: El caso contra la ciudadanía

de Kaos en la Red de Raúl Al-qaraz Ochoa – Para Kaos en la Red
La legalización de más de 12 millones de personas no se llevará a cabo, no en este país, no hoy, no mañana, ni siquiera la década después de eso.
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00:55 (hace 2 horas)

El Papa Benedicto XVI declara que en los 70 la pedofilia se consideraba normal

de Portal Libertario OACA de coordinacion@portaloaca.com (Trinity)

PapaInteresante visión de la Iglesia sobre el “bien” y sobre el “mal”. Interesante visión sobre la pedofilia y el marketing necesario para “curar a las víctimas”. Conviene saber, recordar y no olvidar cómo se visten los lobos.

Víctimas de abusos sexuales del clero han reaccionado con furia a ladeclaración del papa Benedicto XVI ayer diciendo que la pedofilia no estaba considerada un “mal absoluto” hasta tan recientemente como 1970.

En su discurso navideño tradicional ayer a los cardinales y oficiales que trabajan en Roma, el papa Benedicto XVI alegó que la pornografía infantil estaba aumentando su consideración de “normal” por la sociedad.

“En los 70, la pedofilia se entendía como algo completamente en conformidad con el hombre e incluso con los niños”, dijo el papa.

“Se mantenía, incluso dentro del ámbito de la teología católica, que no hay tal cosa como el mal en sí mismo o el bien en sí mismo. Hay sólo un “mejor que” o un “peor que”. Nada es malo o bueno en sí mismo.

El papa dijo que las revelaciones del abuso en 2010 alcanzaron una “dimensión inimaginable” que ha traído consigo “humillación” a la Iglesia.

Preguntándose cómo el abuso se extendió dentro de la Iglesia, el pontífice hizo un llamamiento a los clérigos para “reparar tanto como sea posible las injusticias que han ocurrido” y ayudar a las víctimas a curar por medio de una mejor presentación del mensaje cristiano.

“No podemos quedar silentes en el contexto de los tiempos en que estos eventos han venido a la luz”, dijo, citando el crecimiento de la pornografía infantil “que parece, de alguna manera, ser considerada más y más normal por la sociedad”, dijo.

Pero una víctima indignada ante estas declaraciones, Andrew Maddren de Dublin, insistió en que el abuso infantil no estaba considerado normal en la compañía en el que él estaba.

El Sr. Madden acusa al papa de no saber que la pornografía infantil trata de imágenes de niños siendo abusados sexualmente y debería ser nombrado de ese modo.

Madden dijo; “Esto no es normal. No sé en qué compañía ha estado el papa en los últimos 50 años”.

El papa Benedicto también dijo que el turismo sexual en el Tercer Mundo estaba “amenazando a una generación entera”.

Víctimas de abuso muy enfadadas la pasada noche dijeron que cuando los representantes oficiales de la Iglesia habían culpado al liberalismo de los años 60 por los escándalos sexuales de abusos en la Iglesia y de catástrofes de encubrimiento, el papa Benedicto XVI sale ahora con una nueva teoría culpando a los años 70.

“Los católicos deberían estar avergonzados de escuchar a su papa hablar una y otra vez sobre los abusos mientras hace poco o nada para frenarlos y desenmascar esta crisis horrenda”, dijo Barbara Blaine, cabeza de SNAP, Red de Supervivientes de Abusados por Sacerdotes.

“Es fundamentalmente perturbador observar a un hombre brillante ofrecer un diagnóstico tan conveniente  para la Iglesia a una escándalo tan horroroso” dijo.

“El papa insiste en hablar acerca de  un vago “contexto más amplio” que, supuestamente, él no puede controlar, mientras ignora el claro “amplio contexto” en el que él sí tiene influencia: esto es, la cultura insana y que perdura de una jerarquía eclesiástica de sólo hombres, rígida, secreta y obsesionada con la auto-preservación a toda costa. Este es el ‘contexto’ que importa.

La última controversia llega cuando la revista alemana Der Spiegel continúa investigando el papel del papa al permitir a un ya conocido sacerdote pedófilo trabajar con niños a comienzos de los años 80.

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00:07 (hace 3 horas)

O santo e o seu andor

de Kaos en la Red de Política Operária – Para Kaos en la Red
Que impede o esclarecimento das circunstâncias que provocaram o ajuste de contas que fez de Sá Carneiro uma vítima “colateral” num ajuste de contas entre a direita
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00:07 (hace 3 horas)

La tarifa eléctrica subirá un 9,8 por ciento a partir del próximo 1 de enero

de Kaos en la Red de Kaos. Laboral y Economía – Gara
Un nuevo atraco a los trabajadores y un nuevo servicio del gobierno Zapatero al capital.
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00:07 (hace 3 horas)

[Videos] Murcia: Decenas de policías defienden la mansión de Valcárcel ante la ira de miles de funcionarios

de Kaos en la Red de Kaos. Laboral y Economía – Vegamediapress.com
Los sindicatos inician una improvisada “visita al pisito de Valcárcel” y paralizan la Gran Vía. El miércoles, nueva movilización desde la plaza Fuensanta.
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23:17 (hace 4 horas)

La Comuna de París de 1871

de Portal Libertario OACA de coordinacion@portaloaca.com (Anarcopedia)

Barricadas populares en París de 1871La Comuna de París de 1871 (Francés: ‘La Commune de Paris’) se refiere algobierno socialista y popular («commune» en francés es un consejo de un pueblo o distrito) que ejerció el poder en París durante dos meses en la primavera de1871 (18 de marzo 1871 hasta el 28 de mayo del mismo año.). Sin embargo, las condiciones en la que fue formada, sus controvertidos decretos y su cruel final la hacen uno de los más importantes episodios políticos de la historia deFrancia. Por primera vez el proletariado fue capaz de derrocar el poder establecido, formar sus propios órganos de gobierno y reemplazar al estado monárquico-burgués capitalista.

Precedentes y causas principales por aparición de la Comuna

Revolución Francesa de 1789:Fin del estado absolutista con privilegios feudales, el llamado Antiguo Régimen. Los beneficiados por esta revolución fueron los burgueses que buscaban sobre todo la libertad económica y el desmantelamiento de los privilegios hereditarios de la nobleza que impedían el crecimiento de sus intereses económicos.

Las Revoluciones de 1830 y 1848:Desde la derrota de Napoleón en 1815 se creó una “Santa Alianza” entre las potencias monárquicas: Austria,Rusia y la nueva Francia de los restaurados Borbones. A la Iglesia le fue devuelto gran parte de su anterior poder. Como conseguencia republicanos, unidos a obreros y estudiantes se llevaron en Francia el peso de la Revolución de 1830. Carlos X huyó y se instauró una Monarquía Constitucional con Luis Felipe de Orleáns, aunque se aumentó el censo de votantes; los veinte años siguientes fueron una edad de oro de la gran burguesía.

Los problemas sociales no sólo no se resolvían en Occidente, sino que aumentaban, a esto se unió el emergente nacionalismo de Europa Central y Oriental lo que se tradujo en una nueva oleada revolucionaria en toda Europa en 1848. En Francia se produjo la llamada Revolución de “Febrero” de 1848. Otra vez las disputas por el aumento del Censo entre Monarquía y reformadores provocaron la huída de Luis Felipe y la proclamación de la República. Esto fue posible por el poder adquirido por los “Radicales” (republicanos sociales), republicanos-burgueses e incipientes socialistas.

Napoleón III y la guerra franco-alemanaDesde 1851 hasta 1870 Francia entró en guerra varias veces (Rusia, Austria, Italia, Méjico….) por su afán de demostrar el nuevo poderío de Francia. Sin embargo en 1870 declaró la guerra a la Prusia de Guillermo I y Bismarck, ante las intenciones de crear un Imperio Alemán y por la posible subida al trono de España de un Rey germano, lo que dejaría a Francia rodeada de enemigos.

La guerra fue un desastre para los franceses. En la Batalla de Sedán, prácticamente todo el ejército francés cayó prisionero de los Prusianos, incluido el Emperador. Francia estaba ocupada en parte por los Prusianos que se quedaron a las puertas de París, declarando la creación del Imperio Alemán en el propio Versalles. Franciase quedó sin gobierno, lo que provocó los acontecimientos de la Comuna de París.

Historia

Los progresos realizados por la Internacional en París y en las grandes ciudades de provincia, así como el desarrollo de las ideas socialistas en general, unido a la desocupación entre el proletariado y la ruina de la pequeña burguesía causó el levantamiento del pueblo. El sector social parisino que se encontraba en peores condiciones era la clase trabajadora, que había llegado a una situación de penuria y hambre absolutas. Junto con ellos, la Guardia Nacional, una milicia de ya larga tradición en Francia, se sentía humillada por la derrota ante los alemanes en la guerra franco-alemana (provocada por la política francesa) y había sido ganada además por la propaganda revolucionaria.

El alzamiento de la Comuna

El 18 de marzo estalló la insurrección: la Guardia Nacional y los obreros se apoderaron de la capital, provocando la huida del Gobierno. Inmediatamente, y por sufragio universal, fue elegido un Consejo General de la Comuna de París, al que se confirió poder legislativo y ejecutivo. De él formaron parte obreros revolucionarios y burgueses de ideas radicales: anarquistas y socialistas, blanquistas y republicanos liberales.

Louise MichelLa revolución comunal inaugura una nueva era de política experimental, positiva, científica. Es el fin del viejo mundo gubernamental y clerical, del militarismo, del funcionarismo, de la explotación, del agiotismo, de los monopolios, de los privilegios a los cuales el proletariado debe su servidumbre y la patria sus desgracias y sus desastres. La Comuna fue gobierno débil a discusiones, conflictos, debates. Nadie sabe exactamente en qué dirección la Comuna está yendo. Especialmente, la gente de abajo que sólo quería no ser gobernada. La palabra anarquista no existe o tiene un significado distinto en este tiempo. Aún así, la Comuna tiene un aspecto libertario muy fuerte. Los anarquistas más populares son: Louise Michel, Benoit Malon, Amilcare Cipriani, etc.

El asalto a la Comuna

En una Europa convulsionada, su fracaso fue inevitable pues los intereses de los paises vecinos y de la propia Francia estaban en juego y el poder de reyes y emperadores de la epoca estaban en jaque: la Comuna fue asaltada desde el 2 de abril por las fuerzas delgobierno del ejército de Versalles y la ciudad fue bombardeada constantemente. La ventaja del gobierno era tal que desde mediados de abril negaron la posibilidad de negociaciones. Una gran ayuda también vino desde la comunidad extranjera de refugiados y exiliados políticos en París.

El 21 de mayo una puerta en la parte occidental de las murallas de París fue forzada y comenzó la reconquista de la ciudad por parte de las tropas de Versalles. El 27 de mayo sólo quedaban unos pocos focos de resistencia, los más notables los de los más pobres distritos del este de Belleville y Ménilmontant.

Según Lissagaray y otros testigos de la época los ejecutados entra los miembros de la Comuna fueron 50.000, sin hacer distinción de edad o sexo. Varios centenares de obreras parisienses, conocidas como “petroleras”, fueron también fusiladas en los muros del cementerio de Père Lachaise. Unas 7.000 personas fueron desterradas a Nueva Caledonia,[3] [4] como fue el caso de la maestra anarquista Louise Michel. Para los presos (sólo algunos centenares) hubo una amnistía general en 1889.

Retrospectiva de la Comuna

La clase acomodada de París, y la mayoría de los antiguos historiadores de la Comuna, vieron aquel hecho como un clásico ejemplo del «dominio de la muchedumbre», terrorífico y al mismo tiempo inexplicable. La mayoría de los actuales historiadores, incluso aquellos de derechas, han reconocido el valor de alguna de las reformas de la Comuna y han deplorado el salvajismo con el que fue reprimida. Sin embargo, han encontrado difícil de explicar el odio sin precedentes que la Comuna despertó en las clases medias y altas de la sociedad.

En las izquierdas, hay quienes han criticado a la Comuna por mostrarse demasiado moderada, especialmente dada la situación en la que se encontraban. Karl Marx encontró agravante que los miembros de la Comuna «perdieran valiosísimos momentos» organizando elecciones democráticas en vez de terminar de una vez por todas con Versalles. El banco nacional de Francia, ubicado en París con la reserva de millones de francos, fue dejado intacto y desprotegido por los miembros de la Comuna. Tímidamente pidieron prestado dinero del banco (que, obviamente, obtuvieron sin ninguna vacilación). Los miembros de la Comuna optaron por no coger los recursos del banco por miedo a que el mundo entero los condenara. De esta manera, se movieron grandes sumas de dinero desde París a Versalles, dinero que terminó por financiar el ejército que dio fin a la Comuna.

Algunos comunistas, izquierdistas, anarquistas y otros simpatizantes han visto a la Comuna como un modelo para, o como base de, una sociedad liberal, con un sistema político basado en la democracia participativa como eje de la administración. Marx y Engels, Bakunin y posteriormente Lenin y Trotsky intentaron sacar lecciones teóricas (en particular en lo que concierne a «la marchitación del estado») desde la limitada experiencia vivida por la Comuna. El crítico Edmond de Goncourt obtuvo una lección más pragmática: tres días después de La Semaine sanglante escribió «… La pérdida de sangre ha sido total, y una pérdida de sangre como esta, al asesinar la parte rebelde de la población, pospone la siguiente revolución… La vieja sociedad tiene 20 años de paz antes de de ella…».

La Comuna de París ha sido parte de las citas de muchos líderes comunistas. Mao se refería a ella con bastante frecuencia. Lenin, junto a Marx, consideraban la Comuna un ejemplo real de la dictadura delproletariado. En su funeral su cuerpo fue envuelto en los restos de una bandera roja preservada desde la Comuna. La nave espacial Voskhod 1 portaba parte de un estandarte de la Comuna de París. También, losBolcheviques renombraron la nave de combate Sevastopol a “Parizhskaya Kommuna” en honor a la Comuna.

La Comuna anarquista

La Comuna de París de 1871 jugó un importante papel en el desarrollo del movimiento y de las ideas anarquistas. Bakunin lo comentó en su día, “el socialismo revolucionario (i.e. anarquismo) acaba de ensayar su primer golpe y demostración práctica en la Comuna de París” [Bakunin on Anarchism, p. 263].

La Comuna de París fue creada después de la derrota de Francia a manos de Prusia en la guerra franco-prusiana. El gobierno francés trató de mandar tropas para recuperar el cañón de la Guardia Nacional Parisiense para evitar que cayera en manos del pueblo. Los soldados se negaron a abrir fuego sobre la muchedumbre burlona y apuntaron las armas contra sus oficiales. Esto ocurrió el 18 de marzo. La Comuna comenzaba.

En las elecciones libres convocadas por la Guardia Nacional de París, los ciudadanos eligieron un consejo formado por una mayoría de Jacobinos y Republicanos y una minoría Socialista (Blanquistas socialistas autoritarios la mayor parte, y seguidores de Proudhon). El consejo proclamó la autonomía de París y su deseo de recrear Francia como una confederación de comunas (i.e. comunidades). Dentro de la Comuna, los integrantes del consejo podían ser revocados y se les pagaba un salaria average. Además, tenían que dar cuentas al pueblo que los había elegido.

Está claro por qué este suceso se prendió en la imaginación de los anarquistas tiene grandes similaridades con las ideas anarquistas. De hecho, el ejemplo de la Comuna de París era en muchas maneras similar a cómoBakunin había pronosticado que la revolución ocurriría una ciudad principal se declararía autónoma, organizándose y dando ejemplo, y exhortaría al resto del mundo a seguirla. (Ver “Carta a Albert Richards” en Bakunin on Anarquism). La Comuna de París inició el proceso de creación de una nueva sociedad, organizada de abajo arriba.

Muchos anarquistas tuvieron un papel importante dentro de la Comuna, por ejemplo Luisa Michel, los hermanosReclus, y Eugene Varlin (este último asesinado en la consiguiente represión). Referente a las reformas iniciadas por la Comuna, tales como la re-apertura de los puestos de trabajo como cooperativas, los anarquistas pudieron ver sus ideas de labor asociada comenzar a realizarse. En el llamamiento de la Comuna al federalismo y a laautonomía, los anarquistas ven su “organización social del futuro llevada a cabo de abajo arriba, a través de la libre asociación o federación de trabajadores, comenzando por las asociaciones, siguiendo a las comunas, las regiones, las naciones, y finalmente culminando en una gran federación internacional y universal” [Bakunin, ibid., p. 270].

Sin embargo, para los anarquistas la Comuna se quedó corta. El estado no fue abolido dentro de la Comuna, como lo había abolido afuera. Los comuneros se organizaron “de manera Jacobina” (usando las tajantes palabras de Bakunin). Como señaló Piotr Kropotkin, no “rompieron con la tradición del estado, de gobierno representativo, y no trataron de lograr dentro de la Comuna esa organización de lo sencillo a lo complejo que había inagurado al proclamar la independencia y la libre federación de comunas” [Fighting the Revolution, p. 16]. Además, sus atentados de reforma económica no fueron lo suficientemente lejos, no trataron de formar cooperativas en todos los puestos de trabajo ni formar asociaciones de éstas cooperativas para la coordinación y el apoyo mutuo mutuo en sus actividades económicas. No obstante, como la ciudad estaba sitiada por el ejército francés, se comprende que los comuneros pensaran en otras cosas.

En lugar de abolir el estado dentro de la comuna organizando federaciones de asambleas democráticas de masas, como las “secciones” parisinas de la revolución de 1789-93 (ver Great French Revolution de Kropotkin), la Comuna de París mantuvo un gobierno representativo y sufrió por ello. “En vez de actuar por su cuenta el pueblo, confiando en sus gobernadores, les confió el mandato de tomar la iniciativa” [Kropotkin, Revolutionary Pamphlets, p.19], y así el consejo se convirtió en “el mayor obstáculo a la revolución” [Bakunin, Op. Cit., p. 241].

El consejo se aisló más y más del pueblo que lo eligió, haciéndose más y más inútil. Al tiempo que su irrelevancia aumentaba, así también sus tendencias autoritarias, llegando a crearse un “Comité de Salud Pública” por la mayoría Jacobina, para “defender” (por el terror) la revolución”. El Comité se opuso a la minoría libertario-socialista y fue afortunadamente ignorado en la práctica por el pueblo de París que defendía su libertad contra el ejército francés, que los atacaba en nombre de la civilización capitalista y de la “libertad”. El 1 de Mayo, las tropas gubernamentales entraron en la ciudad, siguiendo siete días de duras luchas callejeras. Pelotones de soldados y miembros de la burguesía armados merodeaban por las calles, matando a mansalva. Mas de 25,000 personas fueron muertas en la lucha callejera, muchas asesinadas después de rendirse, y sus cadáveres fueron enterrados en sepulturas comunes.

Para los anarquistas, las lecciones de la Comuna de París fueron tres. Primero, una confederación de comunidades descentralizada es la forma política necesaria para una sociedad libre. Segundo, “No más hay razones para un gobierno dentro de la Comuna que para un gobierno sobre ella” [Pedro KropotkinFighting the Revolution, p. 19].

Lo cual quiere decir que una comunidad anarquista ha de ser basada en la confederación de barrios y asambleas de trabajo cooperando libremente. Tercero, es críticamente importante unificar las revoluciones política y económica en una revolución social. “Ellos trataron de consolidar la Comuna primero, postponiendo la revolución social para más tarde, mientras que la única forma de proceder era consolidar la Comuna por medio de la revolución social” [Kropotkin, Op. Cit.,p. 19].

Otras Comunas

Simultáneamente con la Comuna de París, surgieron los alzamientos de Lyon, Grenoble, y otras ciudades, las cuales al igual que la Comuna de París, gozaron de una breve vida.

La Comuna de París y la noción de Estado

Texto de Mijail Bakunin sobre Comuna de París y Estado.

Esta obra, como todos los escritos que hasta la fecha he publicado, nació de los acontecimientos. Es la continuación natural de las Cartas a un francés, publicadas en septiembre de 1870, y en las cuales tuve el fácil y triste honor de prever y predecir las horribles desgracias que hieren hoy a Francia, y con ella, a todo el mundo civilizado; desgracias contra las que no había ni queda ahora más que un remedio: la revolución social.

Probar esta verdad, de aquí en adelante incontestable, por el desenvolvimiento histórico de la sociedad, y por los hechos mismos que se desarrollan bajo nuestros ojos en Europa, de modo que sea aceptada por todos los hombres de buena fe, por todos los investigadores sinceros de la verdad, y luego exponer francamente, sin reticencia, sin equívocos, los principios filosóficos tanto como los fines prácticos que constituyen, por decirlo así, el alma activa, la base y el fin de lo que llamamos la revolución social, es el objeto del presente trabajo.

La tarea que me impuse no es fácil, lo sé, y se me podría acusar de presunción si aportase a este trabajo una pretensión personal. Pero no hay tal cosa, puedo asegurarlo al lector. No soy ni un sabio ni un filósofo, ni siquiera un escritor de oficio. Escribí muy poco en mi vida y no lo hice nunca sino en caso de necesidad, y solamente cuando una convicción apasionada me forzaba a vencer mi repugnancia instintiva a manifestarme mediante mis escritos.

¿Qué soy yo, y qué me impulsa ahora a publicar este trabajo? Soy un buscador apasionado de la verdad y un enemigo no menos encarnizado de las ficciones perjudiciales de que el partido del orden, ese representante oficial, privilegiado e interesado de todas las ignominias religiosas, metafísicas, políticas, jurídicas, económicas y sociales, presentes y pasadas, pretende servirse hoy todavía para embrutecer y esclavizar al mundo. Soy un amante fanático de la libertad, considerándola como el único medio en el seno de la cual pueden desarrollarse y crecer la inteligencia, la dignidad y la dicha de los hombres; no de esa libertad formal, otorgada, medida y reglamentada por el Estado, mentira eterna y que en realidad no representa nunca nada más que el privilegio de unos pocos fundado sobre la esclavitud de todo el mundo; no de esa libertad individualista, egoísta, mezquina y ficticia, pregonada por la escuela de J. J. Rousseau, así como todas las demás escuelas del liberalismo burgués, que consideran el llamado derecho de todos, representado por el Estado, como el límite del derecho de cada uno, lo cual lleva necesariamente y siempre a la reducción del derecho de cada uno a cero. No, yo entiendo que la única libertad verdaderamente digna de este nombre, es la que consiste en el pleno desenvolvimiento de todas las facultades materiales, intelectuales y morales de cada individuo. Y es que la libertad, la auténtica, no reconoce otras restricciones que las propias de las leyes de nuestra propia naturaleza. Por lo que, hablando propiamente, la libertad no tiene restricciones, puesto que esas leyes no nos son impuestas por un legislador, sino que nos son inmanentes, inherentes, y constituyen la base misma de todo nuestro ser, y no pueden ser vistas como una limitante, sino más bien debemos considerarlas como las condiciones reales y la razón efectiva de nuestra libertad.

Yo me refiero a la libertad de cada uno que, lejos de agotarse frente a la libertad del otro, encuentra en ella su confirmación y su extensión hasta el infinito; la libertad ilimitada de cada uno por la libertad de todos, la libertad en la solidaridad, la libertad en la igualdad; la libertad triunfante sobre el principio de la fuerza bruta y del principio de autoridad que nunca ha sido otra cosa que la expresión ideal de esa fuerza; la libertad que, después de haber derribado todos los ídolos celestes y terrestres, fundará y organizará un mundo nuevo: el de la humanidad solidaria, sobre la ruina de todas la Iglesias y de todos los Estados.

Soy un partidario convencido de la igualdad económica y social, porque sé que fuera de esa igualdad, la libertad, la justicia, la dignidad humana, la moralidad y el bienestar de los individuos, lo mismo que la prosperidad de las naciones, no serán más que otras tantas mentiras. Pero, partidario incondicional de la libertad, esa condición primordial de la humanidad, pienso que la igualdad debe establecerse en el mundo por la organización espontánea del trabajo y de la propiedad colectiva de las asociaciones productoras libremente organizadas y federadas en las comunas, mas no por la acción suprema y tutelar del Estado.

Este es el punto que nos divide a los socialistas revolucionarios, de los comunistas autoritarios que defienden la iniciativa absoluta del Estado. El fin es el mismo, ya que ambos deseamos por igual la creación de un orden social nuevo, fundado únicamente sobre la organización del trabajo colectivo en condiciones económicas de irrestricta igualdad para todos, teniendo como base la posesión colectiva de los instrumentos de trabajo.

Ahora bien, los comunistas se imaginan que podrían llegar a eso por el desenvolvimiento y por la organización de la potencia política de las clases obreras, y principalmente del proletariado de las ciudades, con ayuda del radicalismo burgués, mientras que los socialistas revolucionarios, enemigos de toda ligazón y de toda alianza equívoca, pensamos que no se puede llegar a ese fin más que por el desenvolvimiento y la organización de la potencia no política sino social de las masas obreras, tanto de las ciudades como de los campos, comprendidos en ellas los hombres de buena voluntad de las clases superiores que, rompiendo con todo su pasado, quieran unirse francamente a ellas y acepten íntegramente su programa.

He ahí dos métodos diferentes. Los comunistas creen deber el organizar a las fuerzas obreras para posesionarse de la potencia política de los Estados. Los socialistas revolucionarios nos organizamos teniendo en cuenta su inevitable destrucción, o, si se quiere una palabra más cortés, teniendo en cuenta la liquidación de los Estados. Los comunistas son partidarios del principio y de la práctica de la autoridad, los socialistas revolucionarios no tenemos confianza más que en la libertad. Partidarios unos y otros de la ciencia que debe liquidar a la fe, los primeros quisieran imponerla y nosotros nos esforzamos en propagarla, a fin de que los grupos humanos, por ellos mismos se convenzan, se organicen y se federen de manera espontánea, libre; de abajo hacia arriba conforme a sus intereses reales, pero nunca siguiendo un plan trazado de antemano e impuesto a las masas ignorantes por algunas inteligencias superiores.

Los socialistas revolucionarios pensamos que hay mucha más razón práctica y espíritu en las aspiraciones instintivas y en las necesidades reales de las masas populares, que en la inteligencia profunda de todos esos doctores y tutores de la humanidad que, a tantas tentativas frustradas para hacerla feliz, pretenden añadir otro fracaso más. Los socialistas revolucionarios pensamos, al contrario, que la humanidad ya se ha dejado gobernar bastante tiempo, demasiado tiempo, y se ha convencido que la fuente de sus desgracias no reside en tal o cual forma de gobierno, sino en el principio y en el hecho mismo del gobierno, cualquiera que este sea.

Esta es, en fin, la contradicción que existe entre el comunismo científicamente desarrollado por la escuela alemana y aceptado en parte por los socialistas americanos e ingleses, y el socialismo revolucionario ampliamente desenvuelto y llevado hasta sus últimas consecuencias, por el proletariado de los países latinos.

El socialismo revolucionario llevó a cabo un intento práctico en la Comuna de París.

Soy un partidario de la Comuna de París, la que no obstante haber sido masacrada y sofocada en sangre por los verdugos de la reacción monárquica y clerical, no por eso ha dejado de hacerse más vivaz, más poderosa en la imaginación y en el corazón del proletariado de Europa; soy partidario de ella sobre todo porque ha sido una audaz negativa del Estado.

Es un hecho histórico el que esa negación del Estado se haya manifestado precisamente en Francia, que ha sido hasta ahora el país mas proclive a la centralización política; y que haya sido precisamente París, la cabeza y el creador histórico de esa gran civilización francesa, el que haya tomado la iniciativa. París, abdicando de su corona y proclamando con entusiasmo su propia decadencia para dar la libertad y la vida a Francia, a Europa, al mundo entero; París, afirmando nuevamente su potencia histórica de iniciativa al mostrar a todos los pueblos esclavos el único camino de emancipación y de salvación; París, que da un golpe mortal a las tradiciones políticas del radicalismo burgués y una base real al socialismo revolucionario; París, que merece de nuevo las maldiciones de todas las gentes reaccionarias de Francia y de Europa; París, que se envuelve en sus ruinas para dar un solemne desmentido a la reacción triunfante; que salva, con su desastre, el honor y el porvenir de Francia y demuestra a la humanidad que si bien la vida, la inteligencia y la fuerza moral se han retirado de las clases superiores, se conservaron enérgicas y llenas de porvenir en el proletariado; París, que inaugura la era nueva, la de la emancipación definitiva y completa de las masas populares y de su real solidaridad a través y a pesar de las fronteras de los Estados; París, que mata la propiedad y funda sobre sus ruinas la religión de la humanidad; París, que se proclama humanitario y ateo y reemplaza las funciones divinas por las grandes realidades de la vida social y la fe por la ciencia; las mentiras y las iniquidades de la moral religiosa, política y jurídica por los principios de la libertad, de la justicia, de la igualdad y de la fraternidad, fundamentos eternos de toda moral humana; París heroico y racional confirmando con su caída el inevitable destino de la humanidad transmitiéndolo mucho más enérgico y viviente a las generaciones venideras; París, inundado en la sangre de sus hijos más generosos. París, representación de la humanidad crucificada por la reacción internacional bajo la inspiración inmediata de todas las iglesias cristianas y del gran sacerdote de la iniquidad, el Papa. Pero la próxima revolución internacional y solidaria de los pueblos será la resurrección de París.

Tal es el verdadero sentido y tales las consecuencias bienhechoras e inmensas de los dos meses memorables de la existencia y de la caída imperecedera de la Comuna de París.

La Comuna de París ha durado demasiado poco tiempo y ha sido demasiado obstaculizada en su desenvolvimiento interior por la lucha mortal que debió sostener contra la reacción de Versalles, para que haya podido, no digo aplicar, sino elaborar teóricamente su programa socialista. Por lo demás, es preciso reconocerlo, la mayoría de los miembros de la Comuna no eran socialistas propiamente y, si se mostraron tales, es que fueron arrastrados invisiblemente por la fuerza irresistible de las cosas, por la naturaleza de su ambiente, por las necesidades de su posición y no por su convicción íntima. Los socialistas, a la cabeza de los cuales se coloca naturalmente nuestro amigo Varlin, no formaban en la Comuna mas que una minoría ínfima; a lo sumo no eran más que unos catorce o quince miembros. El resto estaba compuesto por jacobinos. Pero entendámonos, hay de jacobinos a jacobinos. Existen los jacobinos abogados y doctrinarios, como el señor Gambetta, cuyo republicanismo positivista, presuntuoso, despótico y formalista, habiendo repudiado la antigua fe revolucionaria y no habiendo conservado del jacobinismo mas que el culto de la unidad y de la autoridad, entregó la Francia popular a los prusianos y más tarde a la reacción interior; y existen los jacobinos francamente revolucionarios, los héroes, los últimos representantes sinceros de la fe democrática de 1793, capaces de sacrificar su unidad y su autoridad bien amadas, a las necesidades de la revolución, ante todo; y como no hay revolución sin masas populares, y como esas masas tienen eminentemente hoy el instinto socialista y no pueden ya hacer otra revolución que una revolución económica y social, los jacobinos de buena fe, dejándose arrastrar más y más por la lógica del movimiento revolucionario, acabaron convirtiéndose en socialistas a su pesar.

Tal fue precisamente la situación de los jacobinos que formaron parte de la Comuna de París. Delescluze y muchos otros, firmaron proclamas y programas cuyo espíritu general y cuyas promesas eran positivamente socialistas. Pero como a pesar de toda su buena fe y de toda su buena voluntad no eran más que individuos arrastrados al campo socialista por la fuerza de las circunstancias, como no tuvieron tiempo ni capacidad para vencer y suprimir en ellos el cúmulo de prejuicios burgueses que estaban en contradicción con el socialismo, hubieron de paralizarse y no pudieron salir de las generalidades, ni tomar medidas decisivas que hubiesen roto para siempre todas sus relaciones con el mundo burgués.

Fue una gran desgracia para la Comuna y para ellos; fueron paralizados y paralizaron la Comuna; pero no se les puede reprochar como una falta. Los hombres no se transforman de un día a otro y no cambian de naturaleza ni de hábitos a voluntad. Han probado su sinceridad haciéndose matar por la Comuna. ¿Quién se atreverá a pedirles más?

Son tanto más excusables cuanto que el pueblo de París mismo, bajo la influencia del cual han pensado y obrado, era mucho más socialista por instinto que por idea o convicción reflexiva. Todas sus aspiraciones son en el más alto grado y exclusivamente socialistas; pero sus ideas o más bien sus representaciones tradicionales están todavía bien lejos de haber llegado a esta altura. Hay todavía muchos prejuicios jacobinos, muchas imaginaciones dictatoriales y gubernamentales en el proletariado de las grandes ciudades de Francia y aún en el de París. El culto a la autoridad religiosa, esa fuente histórica de todas las desgracias, de todas las depravaciones y de todas las servidumbres populares no ha sido desarraigado aún completamente de su seno. Esto es tan cierto que hasta los hijos más inteligentes del pueblo, los socialistas más convencidos, no llegaron aún a libertarse de una manera completa de ella. Mirad su conciencia y encontraréis al jacobino, al gubernamentalista, rechazado hacia algún rincón muy oscuro y vuelto muy modesto, es verdad, pero no enteramente muerto.

Por otra parte, la situación del pequeño número de los socialistas convencidos que han constituido parte de la Comuna era excesivamente difícil. No sintiéndose suficientemente sostenidos por la gran masa de la población parisiense, influenciando apenas sobre unos millares de individuos, la organización de la Asociación Internacional, por lo demás muy imperfecta, han debido sostener una lucha diaria contra la mayoría jacobina. ¡Y en medio de qué circunstancias! Les ha sido necesario dar trabajo y pan a algunos centenares de millares de obreros, organizarlos y armarlos combatiendo al mismo tiempo las maquinaciones reaccionarias en una ciudad inmensa como París, asediada, amenazada por el hambre, y entregada a todas las sucias empresas de la reacción que había podido establecerse y que se mantenía en Versalles, con el permiso y por la gracia de los prusianos. Les ha sido necesario oponer un gobierno y un ejército revolucionarios al gobierno y al ejército de Versalles, es decir, que para combatir la reacción monárquica y clerical, han debido, olvidando y sacrificando ellos mismos las primeras condiciones del socialismo revolucionario, organizarse en reacción jacobina.

¿No es natural que en medio de circunstancias semejantes, los jacobinos, que eran los más fuertes, puesto que constituían la mayoría en la Comuna y que además poseían en un grado infinitamente superior el instinto político, la tradición y la práctica de la organización gubernamental, hayan tenido inmensas ventajas sobre los socialistas? De lo que hay que asombrarse es de que no se hayan aprovechado mucho más de lo que lo hicieron, de que no hayan dado a la sublevación de París un carácter exclusivamente jacobino y de que se hayan dejado arrastrar, al contrario, a una revolución social.

Sé que muchos socialistas, muy consecuentes en su teoría, reprochan a nuestros amigos de París el no haberse mostrado suficientemente socialistas en su práctica revolucionaria, mientras que todos los ladrones de la prensa burguesa los acusan, al contrario, de no haber seguido más que demasiado fielmente el programa del socialismo. Dejemos por el momento a un lado a los innobles denunciadores de esa prensa, y observemos que los severos teóricos de la emancipación del proletariado son injustos hacia nuestros hermanos de París porque, entre las teorías más justas y su práctica, hay una distancia inmensa que no se franquea en algunos días. El que ha tenido la dicha de conocer a Varlin, por ejemplo, para no nombrar sino a aquel cuya muerte es cierta, sabe cómo han sido apasionadas, reflexivas y profundas en él y en sus amigos las convicciones socialistas. Eran hombres cuyo celo ardiente, cuya abnegación y buena fe no han podido ser nunca puestas en duda por nadie de los que se les hayan acercado. Pero precisamente porque eran hombres de buena fe, estaban llenos de desconfianza en sí mismos al tener que poner en práctica la obra inmensa a que habían dedicado su pensamiento y su vida. Tenían por lo demás la convicción de que en la revolución social, diametralmente opuesta a la revolución política, la acción de los individuos es casi nula y, por el contrario, la acción espontánea de las masas lo es todo. Todo lo que los individuos pueden hacer es elaborar, aclarar y propagar las ideas que corresponden al instinto popular y además contribuir con sus esfuerzos incesantes a la organización revolucionaria del potencial natural de las masas, pero nada más, siendo al pueblo trabajador al que corresponde hacerlo todo. Ya que actuando de otro modo se llegaría a la dictadura política, es decir, a la reconstitución del Estado, de los privilegios, de las desigualdades, llegándose al restablecimiento de la esclavitud política, social, económica de las masas populares.

Varlin y sus amigos, como todos los socialistas sinceros, y en general como todos los trabajadores nacidos y educados en el pueblo, compartían en el más alto grado esa prevención perfectamente legítima contra la iniciativa continua de los mismos individuos, contra la dominación ejercida por las individualidades superiores; y como ante todo eran justos, dirigían también esa prevención, esa desconfianza, contra sí mismos más que contra todas las otras personas. Contrariamente a ese pensamiento de los comunistas autoritarios, según mi opinión, completamente erróneo, de que una revolución social puede ser decretada y organizada sea por una dictadura, sea por una asamblea constituyente salida de una revolución política, nuestros amigos, los socialistas de París, han pensado que no podía ser hecha y llevada a su pleno desenvolvimiento más que por la acción espontánea y continua de las masas, de los grupos y de las asociaciones populares.

Nuestros amigos de París han tenido mil veces razón. Porque, en efecto, por general que sea, ¿cuál es la cabeza, o si se quiere hablar de una dictadura colectiva, aunque estuviese formada por varios centenares de individuos dotados de facultades superiores, cuáles son los cerebros capaces de abarcar la infinita multiplicidad y diversidad de los intereses reales, de las aspiraciones, de las voluntades, de las necesidades cuya suma constituye la voluntad colectiva de un pueblo, y capaces de inventar una organización social susceptible de satisfacer a todo el mundo? Esa organización no será nunca más que un lecho de Procusto sobre el cual, la violencia más o menos marcada del Estado forzará a la desgraciada sociedad a extenderse. Esto es lo que sucedió siempre hasta ahora, y es precisamente a este sistema antiguo de la organización por la fuerza a lo que la revolución social debe poner un término, dando a las masas su plena libertad, a los grupos, a las comunas, a las asociaciones, a los individuos mismos, y destruyendo de una vez por todas la causa histórica de todas las violencias, el poder y la existencia misma del Estado, que debe arrastrar en su caída todas las iniquidades del derecho jurídico con todas las mentiras de los cultos diversos, pues ese derecho y esos cultos no han sido nunca nada más que la consagración obligada, tanto ideal como real, de todas las violencias representadas, garantizadas y privilegiadas por el Estado.

Es evidente que la libertad no será dada al género humano, y que los intereses reales de la sociedad, de todos los grupos, de todas las organizaciones locales así como de todos los individuos que la forman, no podrán encontrar satisfacción real más que cuando no haya Estados. Es evidente que todos los intereses llamados generales de la sociedad, que el Estado pretende representar y que en realidad no son otra cosa que la negación general y consciente de los intereses positivos de las regiones, de las comunas, de las asociaciones y del mayor número de individuos a él sometidos, constituyen una ficción, una obstrucción, una mentira, y que el Estado es como una carnicería y como un inmenso cementerio donde, a su sombra, acuden generosa y beatamente, a dejarse inmolar y enterrar, todas las aspiraciones reales, todas las fuerzas vivas de un país; y como ninguna abstracción existe por sí misma, ya que no tiene ni piernas para caminar, ni brazos para crear, ni estómago para digerir esa masa de víctimas que se le da para devorar, es claro que también la abstracción religiosa o celeste de Dios, representa en realidad los intereses positivos, reales, de una casta privilegiada: el clero, y su complemento terrestre, la abstracción política, el Estado, representa los intereses no menos positivos y reales de la clase explotadora que tiende a englobar todas las demás: la burguesía. Y como el clero está siempre dividido y hoy tiende a dividirse todavía más en una minoría muy poderosa y muy rica, y una mayoría muy subordinada y hasta cierto punto miserable. Por su parte, la burguesía y sus diversas organizaciones políticas y sociales, en la industria, en la agricultura, en la banca y en el comercio, al igual que en todos los órganos administrativos, financieros, judiciales, universitarios, policiales y militares del Estado, tiende a escindirse cada día más en una oligarquía realmente dominadora y en una masa innumerable de seres más o menos vanidosos y más o menos decaídos que viven en una perpetua ilusión, rechazados inevitablemente y empujados, cada vez más hacia el proletariado por una fuerza irresistible: la del desenvolvimiento económico actual, quedando reducidos a servir de instrumentos ciegos de esa oligarquía omnipotente.

La abolición de la Iglesia y del Estado debe ser la condición primaria e indispensable de la liberación real de la sociedad; después de eso, ella sola puede y debe organizarse de otro modo, pero no de arriba a abajo y según un plan ideal, soñado por algunos sabios, o bien a golpes de decretos lanzados por alguna fuerza dictatorial o hasta por una asamblea nacional elegida por el sufragio universal. Tal sistema, como lo he dicho ya, llevaría inevitablemente a la creación de un nuevo Estado, y, por consiguiente, a la formación de una aristocracia gubernamental, es decir, de una clase entera de gentes que no tienen nada en común con la masa del pueblo y, ciertamente, esa clase volvería a explotar y a someter bajo el pretexto de la felicidad común, o para salvar al Estado.

La futura organización social debe ser estructurada solamente de abajo a arriba, por la libre asociación y federación de los trabajadores, en las asociaciones primero, después en las comunas, en las regiones, en las naciones y finalmente en una gran federación internacional y universal. Es únicamente entonces cuando se realizará el orden verdadero y vivificador de la libertad y de la dicha general, ese orden que, lejos de renegar, afirma y pone de acuerdo los intereses de los trabajadores y los de la sociedad.

Se dice que el acuerdo y la solidaridad universal de los individuos y de la sociedad no podrá realizarse nunca porque esos intereses, siendo contradictorios, no están en condición de contrapesarse ellos mismos o bien de llegar a un acuerdo cualquiera. A una objeción semejante responderé que si hasta el presente los intereses no han estado nunca ni en ninguna parte en acuerdo mutuo, ello tuvo su causa en el Estado, que sacrificó los intereses de la mayoría en beneficio de una minoría privilegiada. He ahí por qué esa famosa incompatibilidad y esa lucha de intereses personales con los de la sociedad, no es más que otro engaño y una mentira política, nacida de la mentira teológica que imaginó la doctrina del pecado original para deshonrar al hombre y destruir en él la conciencia de su propio valor. Esa misma idea falsa del antagonismo de los intereses fue creada también por los sueños de la metafísica que, como se sabe, es próxima pariente de la teología. Desconociendo la sociabilidad de la naturaleza humana, la metafísica consideraba la sociedad como un agregado mecánico y puramente artificial de individuos asociados repentinamente en nombre de un tratado cualquiera, formal o secreto, concluido libremente, o bien bajo la influencia de una fuerza superior. Antes de unirse en sociedad, esos individuos, dotados de una especie de alma inmortal, gozaban de una absoluta libertad.

Pero si los metafísicos, sobre todo los que creen en la inmortalidad del alma, afirman que los hombres fuera de la sociedad son seres libres, nosotros llegamos entonces inevitablemente a una conclusión: que los hombres no pueden unirse en sociedad más que a condición de renegar de su libertad, de su independencia natural y de sacrificar sus intereses, personales primero y grupales después. Tal renunciamiento y tal sacrificio de sí mismos debe ser por eso tanto más imperioso cuanto que la sociedad es más numerosa y su organización más compleja. En tal caso, el Estado es la expresión de todos los sacrificios individuales. Existiendo bajo una semejante forma abstracta, y al mismo tiempo violenta, continúa perjudicando más y más la libertad individual en nombre de esa mentira que se llama felicidad pública, aunque es evidente que la misma no representa más que los intereses de la clase dominante. El Estado, de ese modo, se nos aparece como una negación inevitable y como una aniquilación de toda libertad, de todo interés individual y general.

Se ve aquí que en los sistemas metafísicos y teológicos, todo se asocia y se explica por sí mismo. He ahí por qué los defensores lógicos de esos sistemas pueden y deben, con la conciencia tranquila, continuar explotando las masas populares por medio de la Iglesia y del Estado. Llenandose los bolsillos y sacando todos sus sucios deseos, pueden al mismo tiempo consolarse con el pensamiento de que penan por la gloria de Dios, por la victoria de la civilización y por la felicidad eterna del proletariado.

Pero nosotros, que no creemos ni en Dios ni en la inmortalidad del alma, ni en la propia libertad de la voluntad, afirmamos que la libertad debe ser comprendida, en su acepción más completa y más amplia, como fin del progreso histórico de la humanidad. Por un extraño aunque lógico contraste, nuestros adversarios idealistas, de la teología y de la metafísica, toman el principio de la libertad como fundamento y base de sus teorías, para concluir buenamente en la indispensabilidad de la esclavitud de los hombres. Nosotros, materialistas en teoría, tendemos en la práctica a crear y hacer duradero un idealismo racional y noble. Nuestros enemigos, idealistas divinos y trascendentes, caen hasta el materialismo práctico, sanguinario y vil, en nombre de la misma lógica, según la cual todo desenvolvimiento es la negación del principio fundamental. Estamos convencidos de que toda la riqueza del desenvolvimiento intelectual, moral y material del hombre, lo mismo que su aparente independencia, son el producto de la vida en sociedad. Fuera de la sociedad, el hombre no solamente no será libre, sino que no será hombre verdadero, es decir, un ser que tiene conciencia de sí mismo, que siente, piensa y habla. El concurso de la inteligencia y del trabajo colectivo ha podido forzar al hombre a salir del estado de salvaje y de bruto que constituía su naturaleza primaria. Estamos profundamente convencidos de la siguiente verdad: que toda la vida de los hombres, es decir, sus intereses, tendencias, necesidades, ilusiones, e incluso sus tonterías, tanto como las violencias, y las injusticias que en carne propia sufren, no representa más que la consecuencia de las fuerzas fatales de la vida en sociedad. Las gentes no pueden admitir la idea de independencia mutua, sin renegar de la influencia recíproca de la correlación de las manifestaciones de la naturaleza exterior.

En la naturaleza misma, esa maravillosa correlación y filiación de los fenómenos no se ha conseguido sin lucha. Al contrario, la armonía de las fuerzas de la naturaleza no aparece más que como resultado verdadero de esa lucha constante que es la condición misma de la vida y el movimiento. En la naturaleza y en la sociedad el orden sin lucha es la muerte.

Si en el universo el orden natural es posible, es únicamente porque ese universo no es gobernado según algún sistema imaginado de antemano e impuesto por una voluntad suprema. La hipótesis teológica de una legislación divina conduce a un absurdo evidente y a la negación, no sólo de todo orden, sino de la naturaleza misma. Las leyes naturales no son reales más que en tanto son inherentes a la naturaleza, es decir, en tanto que no son fijadas por ninguna autoridad. Estas leyes no son más que simples manifestaciones, o bien continuas modalidades de hechos muy variados, pasajeros, pero reales. El conjunto constituye lo que llamamos naturaleza. La inteligencia humana y la ciencia observaron estos hechos, los controlaron experimentalmente, después los reunieron en un sistema y los llamaron leyes. Pero la naturaleza misma no conoce leyes; obra inconscientemente, representando por sí misma la variedad infinita de los fenómenos que aparecen y se repiten de una manera fatal. He ahí por qué, gracias a esa inevitabilidad de la acción, el orden universal puede existir y existe de hecho.

Un orden semejante aparece también en la sociedad humana que evoluciona en apariencia de un modo llamado antinatural, pero en realidad se somete a la marcha natural e inevitable de las cosas. Sólo que la superioridad del hombre sobre los otros animales y la facultad de pensar unieron a su desenvolvimiento un elemento particular que, como todo lo que existe, representa el producto material de la unión y de la acción de las fuerzas naturales. Este elemento particular es el razonamiento, o bien esa facultad de generalización y de abstracción gracias a la cual el hombre puede proyectarse por el pensamiento, examinándose y observándose como un objeto exterior extraño. Elevándose, por las ideas, por sobre sí mismo, así como por sobre el mundo circundante, logra arrivar a la representación de la abstracción perfecta: a la nada absoluta. Este límite último de la más alta abstracción del pensamiento, esa nada absoluta, es Dios.

He ahí el sentido y el fundamento histórico de toda doctrina teológica. No comprendiendo la naturaleza y las causas materiales de sus propios pensamientos, no dándose cuenta tampoco de las condiciones o leyes naturales que le son especiales, los hombres de la Iglesia y del Estado no pueden imaginar a los primeros hombres en sociedad, puesto que sus nociones absolutas no son más que el resultado de la facultad de concebir ideas abstractas. He ahí porque consideraron esas ideas, sacadas de la naturaleza, como objetos reales ante los cuales la naturaleza misma cesaba de ser algo. Luego se dedicaron a adorar a sus ficciones, sus imposibles nociones de absoluto, y a prodigarles todos los honores. Pero era preciso, de una manera cualquiera, figurar y hacer sensible la idea abstracta de la nada o de Dios. Con este fin inflaron la concepción de la divinidad y la dotaron, de todas las cualidades, buenas y malas, que encontraban sólo en la naturaleza y en la sociedad.

Tal fue el origen y el desenvolvimiento histórico de todas las religiones, comenzando por el fetichismo y acabando por el cristianismo.

No tenemos la intención de lanzarnos en la historia de los absurdos religiosos, teológicos y metafísicos, y menos aún de hablar del desplegamiento sucesivo de todas las encarnaciones y visiones divinas creadas por siglos de barbarie. Todo el mundo sabe que la superstición dio siempre origen a espantosas desgracias y obligó a derramar ríos de sangre y lágrimas. Diremos sólo que todos esos repulsivos extravíos de la pobre humanidad fueron hechos históricos inevitables en su desarrollo y en la evolución de los organismos sociales. Tales extravíos engendraron en la sociedad esta idea fatal que domina la imaginación de los hombres: la idea de que el universo es gobernado por una fuerza y por una voluntad sobrenaturales. Los siglos sucedieron a los siglos, y las sociedades se habituaron hasta tal punto a esta idea que finalmente mataron en ellas toda tendencia hacia un progreso más lejano y toda capacidad para llegar a él.

La ambición de algunos individuos y de algunas clases sociales, erigieron en principio la esclavitud y la conquista, y enraizaron la terrible idea de la divinidad. Desde entonces, toda sociedad fue imposible sin tener como base éstas dos instituciones: la Iglesia y el Estado. Estas dos plagas sociales son defendidas por todos los doctrinarios.

Apenas aparecieron estas dos instituciones en el mundo, se organizaron repentinamente dos castas sociales: la de los sacerdotes y la de los aristócratas, que sin perder tiempo se preocuparon en inculcar profundamente al pueblo subyugado la indispensabilidad, la utilidad y la santidad de la Iglesia y del Estado.

Todo eso tenía por fin transformar la esclavitud brutal en una esclavitud legal, prevista, consagrada por la voluntad del Ser Supremo.

Pero ¿creían sinceramente, los sacerdotes y los aristócratas, en esas instituciones que sostenían con todas sus fuerzas en su interés particular? o acaso ¿no eran más que mistificadores y embusteros? No, respondo, creo que al mismo tiempo eran creyentes e impostores.

Ellos creían, también, porque compartían natural e inevitablemente los extravíos de la masa y es sólo después, en la época de la decadencia del mundo antiguo, cuando se hicieron escépticos y embusteros. Existe otra razón que permite considerar a los fundadores de los Estados como gentes sinceras: el hombre cree fácilmente en lo que desea y en lo que no contradice a sus intereses; no importa que sea inteligente e instruido, ya que por su amor propio y por su deseo de convivir con sus semejantes y de aprovecharse de su respeto creerá siempre en lo que le es agradable y útil. Estoy convencido de que, por ejemplo, Thiers y el gobierno versallés se esforzaron a toda costa por convencerse de que matando en París a algunos millares de hombres, de mujeres y de niños, salvaban a Francia.

Pero si los sacerdotes, los augures, los aristócratas y los burgueses, de los viejos y de los nuevos tiempos, pudieron creer sinceramente, no por eso dejaron de ser siempre mistificadores. No se puede, en efecto, admitir que hayan creído en cada una de las ideas absurdas que constituyen la fe y la política. No hablo siquiera de la época en que, según Cicerón, los augures no podían mirarse sin reír. Aun en los tiempos de la ignorancia y de la superstición general es difícil suponer que los inventores de milagros cotidianos hayan sido convencidos de la realidad de esos milagros. Igual se puede decir de la política, según la cual es preciso subyugar y explotar al pueblo de tal modo, que no se queje demasiado de su destino, que no se olvide someterse y no tenga el tiempo para pensar en la resistencia y en la rebelión.

¿Cómo, pues, imaginar después de eso que las gentes que han transformado la política en un oficio y conocen su objeto es decir, la injusticia, la violencia, la mentira, la traición, el asesinato en masa y aislado puedan creer sinceramente en el arte político y en la sabiduría de un Estado generador de la felicidad social? No pueden haber llegado a ese grado de estupidez, a pesar de toda su crueldad. La Iglesia y el Estado han sido en todos los tiempos grandes escuelas de vicios. La historia está ahí para atestiguar sus crímenes; en todas partes y siempre el sacerdote y el estadista han sido los enemigos y los verdugos conscientes, sistemáticos, implacables y sanguinarios de los pueblos.

Pero, ¿cómo conciliar dos cosas en apariencia tan incompatibles: los embusteros y los engañados, los mentirosos y los creyentes? Lógicamente eso parece difícil; sin embargo, en la realidad, es decir, en la vida práctica, esas cualidades se asocian muy a menudo.

Son mayoría las gentes que viven en contradicción consigo mismas. No lo advierten hasta que algún acontecimiento extraordinario las saca de la somnolencia habitual y las obliga a echar un vistazo sobre ellos y sobre su derredor.

En política como en religión, los hombres no son más que máquinas en manos de los explotadores. Pero tanto los ladrones como sus víctimas, los opresores como los oprimidos, viven unos al lado de otros, gobernados por un puñado de individuos a los que conviene considerar como verdaderos explotadores. Así, son esas gentes que ejercen las funciones de gobierno, las que maltratan y oprimen. Desde los siglos XVII y XVIII, hasta la explosión de la Gran Revolución, al igual que en nuestros días, mandan en Europa y obran casi a su capricho. Y ya es necesario pensar que su dominación no se prolongará largo tiempo.

En tanto que los jefes principales engañan y pierden a los pueblos, sus servidores, o las hechuras de la Iglesia y del Estado, se aplican con celo a sostener la santidad y la integridad de esas odiosas instituciones. Si la Iglesia, según dicen los sacerdotes y la mayor parte de los estadistas, es necesaria a la salvación del alma, el Estado, a su vez, es también necesario para la conservación de la paz, del orden y de la justicia; y los doctrinarios de todas las escuelas gritan: ¡sin iglesia y sin gobierno no hay civilización ni progreso!

No tenemos que discutir el problema de la salvación eterna, porque no creemos en la inmortalidad del alma. Estamos convencidos de que la más perjudicial de las cosas, tanto para la humanidad, para la libertad y para el progreso, lo es la Iglesia. ¿No es acaso a la iglesia a quien incumbe la tarea de pervertir las jóvenes generaciones, comenzando por las mujeres? ¿No es ella la que por sus dogmas, sus mentiras, su estupidez y su ignominia tiende a matar el razonamiento lógico y la ciencia? ¿Acaso no afecta a la dignidad del hombre al pervertir en él la noción de sus derechos y de la justicia que le asiste? ¿No transforma en cadáver lo que es vivo, no pierde la libertad, no es ella la que predica la esclavitud eterna de las masas en beneficio de los tiranos y de los explotadores? ¿No es ella, esa Iglesia implacable, la que tiende a perpetuar el reinado de las tinieblas, de la ignorancia, de la miseria y del crimen?

Si el progreso de nuestro siglo no es un sueño engañoso, debe conducir a la finiquitación de la Iglesia.

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23:17 (hace 4 horas)

Tesis ‘Internet en Movimiento’: Relación entre Internet y los movimientos sociales

de Portal Libertario OACA de coordinacion@portaloaca.com (José Candón)

Portada TesisTesis doctoral sobre las relaciones entre los movimientos sociales e Internet con el objetivo de compartir los resultados de la investigación. Partiendo de las premisas metodológicas de la investigación-acción y la investigación activista, el propio investigador forma parte del sujeto de estudio -los movimientos sociales- y su investigación pretende no sólo comprender la realidad estudiada sino también transformarla. Para ello es imprescindible compartir los resultados obtenidos. Indymedia Estrecho, donde el autor colabora como editor y de cuya experiencia ha obtenido buena parte de la motivación para emprender este estudio, es el medio ideal para compartir el fruto de este trabajo colectivo, que ha contado con la imprescindible aportación de destacadas activistas de los movimientos.

“Internet en Movimiento: Nuevos Movimientos Sociales y Nuevos Medios en la Sociedad de la Información”

Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Ciencias de la Información, Departamento de Sociología VI: Opinión Pública y Cultura de Masas

Autor: José Candón / Director: Félix Ortega

Nuevos movimientos sociales organizados en redes horizontales, descentralizadas y globales y que apuestan por la participación activa y formas de democracia directa, encuentran en la red descentralizada, multidireccional, global e interactiva de Internet una tecnología adecuada a sus necesidades y acorde a sus valores. Los movimientos sociales se apropian de la Red y se identifican con ella asumiendo su defensa para que siga siendo un medio libre y democrático de comunicación. En los nuevos movimientos “el medio es el mensaje”.

INTRODUCCIÓN (extracto)

A finales de 1999, la ciudad de Seattle acogía la llamada “Ronda del Milenio” organizada por la Organización Mundial del Comercio (OMC). El siglo XX acababa con la escenificación del dominio neoliberal que desde la caída del muro de Berlín había culminado en el “Fin de la Historia” (Fukuyama, 1989). La democracia de mercado se había impuesto como el único modelo posible frente al que Margaret Thatcher –la “dama de hierro” – sentenció que “no hay alternativa”.

Contra todo pronóstico, la cumbre de Seattle se transformó en la “Batalla de Seattle” y el fin del siglo XX fue bruscamente interrumpido por un adelantado comienzo del siglo XXI –que sin haber sido invitado a la cumbre y haciendo caso omiso al bien establecido orden del día– pregonaba desde las calles que “otro mundo es posible”.

La prensa internacional destacaba la irrupción de los movimientos sociales que habían acudido a la cumbre “organizados por Internet”. Desde esa fecha abundan las referencias a movilizaciones “convocadas”, “surgidas” o “coordinadas” a través de la Red. Seattle no fue el comienzo del uso de Internet para la movilización social, pero sí el punto de inflexión que esbozó algunas claves de lo que pueden depararnos los albores de este tercer milenio: Que el pregonado “Fin de la Historia” no es realmente el final sino que al libro de Fukuyama le faltan al menos algunos anexos; Y que estos anexos se escriben colaborativamente en formato digital.

El objetivo de este trabajo es indagar en las relaciones entre los movimientos sociales y las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TIC), especialmente Internet. El desarrollo de las TIC ha sido calificado como la “Tercera Revolución Industrial” (Toffler, 1980), que seguiría a la primera que tuvo lugar en el siglo XVIII en Inglaterra y la segunda que se produjo en el siglo XIX en el seno de los Estados Unidos. “El mundo capitalista está transitando de la economía industrial, basada en el acero, los automóviles y las carreteras, a la economía digital, construida a partir de silicio, computadoras y autorutas de información” (León, Burch y Tamayo, 2001). Este proceso daría lugar a la llamada “Sociedad de la Información” (Castells, 2005).

Resulta difícil nombrar una era que también ha sido caracterizada por una “Revolución Científico-técnica” debido al desarrollo de la ciencia y la tecnología, no sólo en las TIC sino también en otros campos como la genética, que se ha denominado como la era “Global” por la intensificación de las relaciones internacionales en el ámbito de la política (estructuras supranacionales), la economía (empresas transnacionales), la cultura (homogeneidad cultural) o la sociedad (movimientos sociales) o a la que se han aplicado otros términos generales como “Sociedad Post-industrial”, “Posfordismo” o “Sociedad Postmoderna”.

Aun así, el hecho de que información, conocimiento o comunicación sean algunas de las propiedades más destacadas da idea de la trascendencia del desarrollo de las TIC en el tiempo presente. Las TIC son fuerzas productivas centrales del actual ciclo económico y “como la comunicación constituye la esencia de la actividad humana, todas las áreas de la actividad humana están siendo modificadas por la intersticialidad de los usos de Internet” (Castells, 2001: 345). La tecnología –especialmente las tecnologías de la comunicación– influye en la sociedad, pero también es en sí misma fruto de la sociedad en la que surge.

En el siglo XV, el inventor de la imprenta Johannes Gutenberg imprimió en Maguncia, Alemania, la Biblia de 42 líneas. No fue como muchos creen el primer libro impreso mediante el sistema de tipos móviles, pero se convirtió en el icono de la “Edad de la Imprenta”. La imprenta –como invención puramente tecnológica– coincidió con la época de profundos cambios sociales y culturales de la Reforma Protestante y la Biblia de Gutenberg ejemplifica esa revolución “socio-técnico-cultural” (Lévy, 2007). Seis siglos más tarde, en los inicios del siglo XXI, vuelven a coincidir en un mismo espacio-tiempo una revolución tecnológica –Internet– y un movimiento social –el movimiento altermundista–. Durante la “Batalla de Seattle” se funda el primer Centro de Medios Independientes (IMC), Indymedia, como icono de la nueva “Edad de Internet”.

Indymedia, como la Biblia de Gutenberg, es un buen ejemplo del encuentro entre tecnología y sociedad. Es la manifestación del uso social que da sentido a cualquier invención tecnológica. Es lo que hace de Internet, como icono de la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, una autentica revolución de la comunicación, una revolución social. Frente al monopolio de los sacerdotes en la interpretación de los textos sagrados, los protestantes proponían la libre interpretación de los mismos. Frente a las misas en latín y la biblia manuscrita, los protestantes proponían la misa en la lengua vernácula de los creyentes y la publicación masiva de  biblias políglotas. Salvando las distancias, el mensaje del protestantismo coincidía con el conocido lema de la red Indymedia “¡No odies los medios, se los medios!”, una versión mediática del “¡Hazlo tú mismo!” y la ética DIY (Do it yourself!) de las comunidades culturales alternativas y el movimiento punk. La imprenta e Internet fueron en ambos casos la herramienta que hacía posible la propuesta, en ambos casos, “el medio es el mensaje” (McLuhan, 2009: 31).

Tecnológicamente, la imprenta es el primer medio de comunicación de masas. Un medio unidireccional, de arriba a abajo, de uno a muchos. Internet es el primer medio de masas horizontal, interactivo, de muchos a muchos, descentralizado. Socialmente la imprenta y los medios masivos tradicionales representan una estructura social jerarquizada. Una forma de organización que comparten tanto las dictaduras como las democracias representativas e incluso la llamada “vanguardia del proletariado” (Lenin, 1917). Internet representa la estructura descentralizada y horizontal de los nuevos movimientos en la “sociedad red” (Castells). Culturalmente la reforma protestante no se limita a un debate teológico o religioso, como describió Max Weber en “La ética protestante y el espíritu del capitalismo” (1905), la Reforma impulsó los valores capitalistas del individualismo, el beneficio privado y la ética del trabajo. Los nuevos movimientos sociales; el movimiento de software libre, por la cultura libre, por el derecho a la comunicación representan los nuevos valores de “La ética del hacker y el espíritu de la era de la información” descritos por Pekka Himanen (2002).

Wolton advierte de que para poder hablar de una verdadera revolución de la comunicación hace falta algo más que un avance en las tecnologías de comunicaciones. Entre los siglos XVI al XVIII, la imprenta “favoreció el nacimiento del modelo individual y la construcción de un espacio público para la expresión y la circulación de las opiniones” mientras que en los siglos XIX y XX el teléfono, la radio y la televisión “han estado relacionados con el triunfo del individualismo y de la democracia de masas”. En ambos casos la revolución tecnológica en el campo de los medios de comunicación fue “real sólo porque hubo, en un espacio-tiempo similar, evoluciones radicales del orden cultural y social” (Wolton, 2000: 20).

Internet es “la imprenta del siglo XXI” (Piscitelli, 2005) y como la imprenta de Gutenberg está imbricada en una realidad social y cultural que da sentido a la tecnología y que hace posible que la revolución tecnológica pueda transcender a una auténtica revolución de la comunicación y, en último término, social. En su momento la imprenta, como innovación tecnológica, fue utilizada por el movimiento social del protestantismo y el libro impreso fue el medio de comunicación que expandió las ideas protestantes. Las biblias políglotas son el icono de esta revolución tanto técnica como social y cultural. Las nuevas tecnologías como Internet, son hoy utilizadas por los nuevos movimientos como el altermundista que a través de nuevos medios como la web, el correo electrónico o los foros expanden sus ideas y propuestas. Indymedia es un buen ejemplo de la imbricación entre las propiedades técnicas de los nuevos medios y los valores sociales y culturales de los nuevos movimientos.

Con esta analogía pretendo señalar el punto de vista de partida para el análisis desarrollado en este trabajo. Una visión que descarta el determinismo tecnológico pero resalta también la importancia de la tecnología y su influencia en las formas de relación social. Una visión que, sin caer en el optimismo ni en el pesimismo, parte de la idea de que –aún sin poder afirmar cuáles serán los cambios producidos por la irrupción de las TIC– estas, sin duda, generarán algunos y de hecho ya han producido profundos cambios en diversos ámbitos. Y una premisa final que resalta que estos cambios previsibles nunca serán producto directo de la innovación tecnológica sino fruto también de un contexto social, político y cultural.

Los movimientos sociales, como el mejor indicador de las tendencias sociales y políticas, como “profetas del presente” (Melucci, 1999) que anuncian hoy lo que puede ser mañana, son sólo uno de los ámbitos en los que podemos estudiar la influencia y el papel de Internet y los nuevos medios, pero un ámbito representativo de las nuevas formas sociales, políticas y culturales que podrían configurar la nueva era de la sociedad red.

ÍNDICE

AGRADECIMIENTOS (pág.9)

INTRODUCCIÓN (pág.11)

PARTE I: MARCO TEÓRICO

CAPITULO I. TEORÍA DE LOS MOVIMIENTOS SOCIALES (pág. 23)

CAPITULO II. TEORÍA DE LA COMUNICACIÓN DE MASAS, NUEVOS MEDIOS E INTERNET (pág. 69)

CAPITULO III. MARCO TEÓRICO GENERAL (pág. 165)

PARTE II. METODOLOGÍA Y SUJETO DE ESTUDIO

CAPITULO IV. METODOLOGÍA (pág. 179)

CAPITULO V. SUJETO DE ESTUDIO (pág. 189)

PARTE III. NUEVOS MOVIMIENTOS SOCIALES Y NUEVOS MEDIOS

CAPITULO VI. MOVIMIENTOS SOCIALES, INTERNET Y COMUNICACIÓN DE MASAS (pág. 209)

CAPITULO VII. INTERNET COMO RECURSO (pág. 243)

CAPITULO VIII. INTERNET Y ESTRUCTURA DE OPORTUNIDADES POLÍTICAS (pág. 255)

CAPITULO IX. REPERTORIO DE CONFRONTACIÓN EN INTERNET (pág. 263)

CAPITULO X. INTERNET COMO ESTRUCTURA DE ORGANIZACIÓN (pág. 287)

CAPITULO XI. MARCOS CULTURALES E IDENTIDADES COLECTIVAS EN INTERNET (pág. 309)

CAPITULO XII. NUEVOS TEMAS DE MOVILIZACIÓN Y MOVIMIENTOS CIBERPOLÍTICOS (pág. 339)

CONCLUSIONES (pág. 361)

BIBLIOGRAFÍA (pág. 371)

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23:14 (hace 4 horas)

Dos años perdidos y los que quedan

de DIRECTORIO de NOTICIAS de Directorio de Noticias

Dos años perdidos y los que quedan.
Hace dos años España pidió ayudas para refinanciar los bancos con la idea de que éstos dieran créditos a consumidores y pequeña y mediana empresa.

No solo no lo hicieron sino que aparte de maquillar los balances lo utilizaron para todo menos para el fin con el que se dieran las ayudas.

Ya en su día dije que porqué no se nacionalizaban las cajas y ese dinero que nos dieron hubiera ido aparte de a salvar las cuentas a generar comercio por medio de créditos baratos con la garantía del estado.

Como en su día se hizo en Argentina con el “corralito”. Nadie hizo caso. Han pasado dos años y seguimos en las mismas.

Los bancos sin un duro, los ciudadanos sin créditos y para colmo van a tener que rescatarnos con lo que eso conlleva.

Nuestra deuda cada dos por tres alcanza records y nadie coge el toro por los cuernos y nacionaliza la banca que es sin lugar a dudas la solución al cáncer que padecemos.

Yo solo sé que esta conversión de la deuda privada de los bancos en pública, que vamos a tener que pagar entre todos, va a ser un lastre para el crecimiento de varias generaciones y para colmo no tenemos asegurado que vuelva a suceder ya que no se está haciendo absolutamente nada para que ello ocurra.

Y la ciudadanía y la juventud, como avestruces, con la cabeza metida en el agujero de la indiferencia esperando a que todo pase.

ARMAK de ODELOT

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22:10 (hace 5 horas)

Las constructoras y la banca detrás del conflicto de los controladores

de Portal Libertario OACA de coordinacion@portaloaca.com (R. Vegas)

Más allá de la crisis provocada por Fomento y los controladores aéreos, la privatización de Aena obedece a un proyecto promocionado por el ‘think tank’ de las grandes empresas y por la constructora Abertis.

Guardia Civil“Espero que [la privatización parcial de Aena] contribuya a una mayor rentabilidad y a una gestión más ágil y ello permita que nos beneficiemos todos”. La ministra de Economía, Elena Salgado, se mostraba recientemente así de convencida de una decisión que, según se dijo, era en realidad una medida obligada por un plan de ajuste que se hacía para tranquilizar a los mercados. El presidente Zapatero presentó esta medida a principios de diciembre en el Congreso, en una comparecencia que también sirvió para anunciar, entre otras medidas, el fin de la ayuda de los 426 euros para los parados de larga duración y la privatización parcial de otra entidad pública: Loterías y Apuestas del Estado, con un superávit de 3.000 millones de euros al año.

Sólo dos días después, Fomento decidió romper la cuerda con la que mantenía un tenso tira y afloja con los controladores: el conflicto laboral se militarizó, el debate se centró en los privilegios de este gremio y la sociedad se alineó con la mano dura de José Blanco, ministro del ramo. Los pilotos suspendieron sus movilizaciones. Y el personal de tierra (que, a diferencia de los dos sectores anteriores, cuenta con sindicatos de clase) también. El resultado es una privatización en marcha que supondrá el paso a manos privadas del 49% de la compañía a cambio de 8.900 millones de euros, según el cálculo de Fomento.

Los interesados en Aena

Ferrovial es una de las aspirantes, pero Abertis, que gestiona 30 aeropuertos en nueve países, ya ha mostrado su interés, y es la primera posicionada en esta competición. Abertis posee el 90% de TBL, operadora británica presente en varios países y en la que Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) tiene el 10% restante del accionariado.

Es, además, una gran defensora de la privatización del ente aéreo, como demuestran los informes que salen de una cátedra de la fundación Fedea que Abertis patrocina junto al Ministerio de Fomento. Ruptura del monopolio de Aena se titula uno de estos estudios que publicó una firma del ámbito académico. “Romper el monopolio” es lo que dijo José Blanco que se va a lograr con la salida a concurso de 13 aeropuertos españoles en 2011. Fedea y Fomento parecen coincidir en lo que necesita el espacio aéreo español.

Fedea es en realidad un think tank de los grandes intereses económicos españoles. La banca casi al completo participa en su patronato. Recibe también donaciones de Ono y su filial Cableuropa. Iberdrola, Abengoa, Repsol y, por supuesto, Abertis participan en su gestión. En la administración pública encuentra socios en el Ministerio de Fomento, en el de Educación, en el de Trabajo y en el programa marco de la UE. Sus investigadores, profesores titulares de varias universidades españolas, se centran principalmente en el cálculo de costes presentes y futuros de los sectores de la administración pública, con el resultado de que, según sus previsiones, casi siempre son inviables.

Predican la eficiencia, la optimización y la competitividad, que sólo se logra cuando está en manos privadas, de acuerdo con sus estudios. Impacto del sector privado en la eficiencia de los aeropuertos españoles; Impacto del crecimiento del desempleo inmigrante en las finanzas públicas; Impulsar el cambio es posible en el sistema sanitario; son algunos ejemplos que sirven para ilustrar el credo de esta fundación.

En este último, publicado hace un año por Fedea junto a la consultora McKinsey, otro de sus patronos, insistía en incrementar el copago por los servicios médicos ante la insostenibilidad del sistema público. En este campo la ministra de Sanidad, Leire Pajín, ha rechazado recientemente un copago simbólico (el euro por visita del que se ha hablado para evitar la saturación) y el copago real (que el enfermo pague un porcentaje de su atención y tratamiento), pero ha reconocido que se tienen que “tomar medidas de ahorro y eficiencia y abrir todos los caminos para garantizar su sostenibilidad”. Atención: todos los caminos.

McKinsey es una consultora especializada en diseñar los procesos de privatizaciones, en aconsejar métodos y preparar protocolos. En ofrecer las recomendaciones necesarias para que una empresa pública pase a manos de empresas. Su propuesta fetiche en estos momentos es la de la iniciativa público-privada, la misma que ha planeado el Gobierno para muchas de las infraestructuras que los planes de ajuste han dejado en suspenso.

También Fedea lo hace. El proyecto Aero Ave, en el que también participa Fomento, cierra el círculo al tratar sobre la integración del transporte aéreo y ferroviario. Precisamente en un momento crucial para el largo proceso que vive Renfe, diez años en proceso de privatización, que este año 2010 debería haber dado acceso a las empresas en el servicio de viajeros y que en 2012 dará entrada al primer operador privado, según las últimas previsiones del ministro José Blanco. El azote de los controladores tiene mucho trabajo que hacer en todo este proceso.

ENTREVISTA A ABRAHAM ESCOBAR, SECRETARIO DE JURÍDICA CGT/AENA

“AENA es una empresa pública muy rentable y productiva”

Marcos Ferrero (Madrid)

DIAGONAL: CGT/Aena señala a Fomento como el responsable del caos en el espacio aéreo español. ¿En qué se basa para realizar esta acusación?

ABRAHAM ESCOBAR: El presidente del Gobierno socialista ha arrodillado a todo el pueblo español ante los intereses de los mercados y banqueros. Su última decisión de privatizar Aena a través de Real Decreto Ley, así como imponer por Decreto Ley las condiciones laborales ilegales al colectivo de control en contra del derecho a la negociación colectiva y del propio estatuto de los trabajadores, ha provocado el cierre del espacio aéreo.

D.: ¿Qué intención tendría el Gobierno en provocar un caos aéreo en España?

A. E.: José Blanco intenta solapar el expolio que supone el regalo de los aeropuertos españoles a manos privadas echando la culpa a un colectivo con el que no ha querido negociar. CGT condena la situación a la que se ha llegado y se solidariza con los ciudadanos que están sufriendo en sus propias carnes la incompetencia de este Gobierno, provocando en el Estado español un estado de alarma con un riesgo calculado.

El problema es que el Gobierno quiere tapar con esta cortina que ha decretado vender Aena. Ésta es una empresa pública, muy rentable y productiva, que se va a entregar en bandeja a los grandes empresarios.

A CGT/Aena le gustaría saber por qué motivo Zapatero no viajó a la Cumbre Iberoamericana, por qué se aprobó el decreto justo un día antes del puente más largo del año. O bien estaba todo preparado, y se trata de una decisión premeditada, o es que no se enteran. CGT/Aena entiende que para el buen funcionamiento y seguridad de los aeropuertos, éstos deben seguir gestionándose desde lo público, por lo que, tras esta crisis, el Gobierno debe cesar a José Blanco y al equipo gestor de Aena.

D.: ¿Qué supone la privatización de Aena?

A. E.: La privatización supondrá la subrogación de los empleados a una sociedad anónima, perdiendo la condición de empleado público y la garantía en el empleo. Se dará entrada a criterios empresariales de beneficio puro y duro, en contra de los actuales de seguridad, calidad del servicio y defensa del pasajero.

Aena es una empresa pública con más de 12.000 trabajadores, entre los que hay colectivos de apoyo a pasajeros y compañías, personal de mantenimiento, señaleros, bomberos, personal de operaciones y gestión aeroportuaria, administrativos, médicos y ATS aeroportuarios, y titulados universitarios entre otros, y que representan el 80% del personal de Aena. El problema de fondo es que el Gobierno ha decretado vender Aena para hacer caja y seguir pagando la deuda pública que tenemos contraída como país como consecuencia de haber dado millones de euros a la banca.

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22:10 (hace 5 horas)

Felipe González y su cínico cambio de discurso sobre el Sáhara (1976-2009)

de Portal Libertario OACA de coordinacion@portaloaca.com (Coordinación)

Como recordamos de una noticia anterior, el 14 de noviembre de 1976 el secretario general del Partido Socialista Obrero Español, Felipe González, visitó los territorios liberados de la República Árabe Saharaui Democrática en el primer aniversario de los Acuerdos de Madrid.

En aquella ocasión González expresó claramente su postura con respecto al problema del Sahara Occidental. “Nuestro partido estará con vosotros hasta la victoria final”, aseguró el dirigente socialista en Tinduf.

Ahora enfrentamos esas palabras a las que pronunció en la conferencia del 28 de Septiembre de 2009 en el Caixaforum sobre el conflicto del Sáhara. No hay lugar a dudas sobre la falsedad, hipocresía y el cinismo de la clase política.

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