SONETOS.-2

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V

Todo el alba es cima derramada
de luz y la sombra, silencio yerto.
Como fuimos los dos, somos del huerto
en la noria del sol, agua pasada.

El sentido de aquello, ya desierto,
completa con mi suerte, la pisada,
errante del ayer, de puerto en puerto,
extensa sobre el mar y malgastada.

El sueño de la noche, al día viento,
culmina sobre el cenit la quimera
como luego el ocaso trae tormento.

Acaso, si fué así, el no ser fuera,
pensé, más de una vez y así lo siento
al ser contigo, sí, no otra cualquiera.

VI

Un soneto perfecto tengo en mente,
bien medido en su métrica y rimado
candencioso en su ritmo y orquestado
en paladar refinado y exigente.

Un soneto hecho a gusto del oyente
cuán presente, ofrecido y regalado.
Académico el verso y engominado,
por la clásica rigidez regente.

Mi pluma nunca fué grandilocuente
ni hubo nunca maneras de estirado.
Libre era, uno más entre la gente

y ando ahora con el verbo trastocado
enfundando las rimas como a un diente
y a disgusto me encuentro encorsetado.

Al cambio ignoro si perdí o he ganado
más me siento de mí mismo disidente
y a la luz de otra vela encadenado.

VII

¡ Oh, cíclope de luz! ¡ Coloso enhiesto,
como un dios que adora la mar dormida!
Cuando cae la noche, queda rendida
bajo el mirar de tu fulgente gesto

¡ Oh, bitácora de cristal! Erguida
en la costa azul, del marino apuesto.
Guía segura, como de firme, puesto
tu hercúleo tronco en la tierra herida.

Las olas del mar en tus pies culminan
cuando tras tu brillo amantes corren
montadas sobre el haz que difuminas.

¡ Oh, no, cáliz de luz, que no se borre
la triste noche donde el mar termina
y el sol empieza de tu esbelta torre!

VIII

Quién pudiera no tener tanta torpeza,
como tengo, pues me quiebro cuán astilla.
Más no puedo estarme quieto en esta silla
aunque un paso, en dos me parta la cabeza.

Quién pudiera, si no puede mi costilla,
ocultarme de la luz, tras la maleza,
que mi sitio no está aquí, ni mi nobleza
quiso estar, como nunca, mi rodilla.

Más que importa esta lucha sin sentido
pues ni atado puedo ser de otra manera
más que frío, reservado y consentido

por mi ansia, mi deseo y mi quimera.
Ya que no puedo ser lo más querido
que me importa ser o no de otra manera.

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